César Duvernay

 Por primera vez en la historia el llamado oficial a las clases no se ha hecho hacia las aulas ni la convocatoria ha sido única­mente para los alumnos y los profesores. El Covid-19 ha impuesto severas condiciones, por lo que a partir de ayer los planteles serán las casas y los padres tendrán que desempeñar un papel fundamental en el año escolar.

“Aprendamos en casa” es el lema del atí­pico año lectivo que involucrará a mas de 2 millones 800 mil estudiantes, medularmente del sector público, en un ejercicio de educa­ción a distancia mediante el uso de la radio y la televisión, así como de recursos de Tecno­logías de Información y Comunicación com­binados con herramientas análogas como los más de 2 millones y medio de cuadernillos.

Comandados por el ministro de Educa­ción, Roberto Fulcar, 122 jefes de distritos, 18 directores regionales y más de 90 mil docen­tes, estarán al frente de un proceso nuevo y difícil en el cual las realidades limitativas tan­to de corte circunstancial como situacional, obligarán a periódicos reajustes y reorienta­ciones que requerirán del apoyo colectivo.

Abrir el año escolar de forma presencial era igual a provocar un rebrote del coronavirus y echar por tierra, con su alto componente letal, todo lo que se ha avanzado en la lucha contra la pandemia. Pero tampoco se podía condenar al estudiantado público a perder un año de estudios, que es lo mismo que perder un año de vida productiva. El gobierno ha he­cho lo correcto y es obligación de todos asu­mir una actitud comprensiva y colaboradora para entre todos, poder salir adelante de un reto que no tiene colores ni banderías.

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