Por Manuel Antonio Mejía

Hay bastante de este caso, llegados a este mes de enero de 2021, que, entre Biden y Trump, me recuerda demasiado lo ocurrido entre Rutherford Birchard Hayes (republicano) y Samuel Jones Tilden (demócrata) en la historia de Estados Unidos, en medio de las elecciones de 1876 durante el denominado Período de la Reconstrucción.

Y, por demás, aseguraremos que hace valiente a Donald Trump reconocer el triunfo de Joe Biden en vez de lo contrario. Este paso le haría quedar como un verdadero líder ante la comunidad internacional… haciendo oídos sordos a las ráfagas «conspiranoicas». Son, sobre todo, los grandes estadistas los que, de la historiografía de los viajes del conquistador español en México, toman prestada la cuña de los visionarios de que: “lo cortés no quita lo valiente”. 

Para muchos, la situación que se ha suscitado en el país de Washington, Lincoln y Kennedy es un caso sin precedentes en la historia de los Estados Unidos, pero esta afirmación dista bastante de la realidad cuando sabemos que el gran territorio anglosajón de América es una nación impuesta a vivir las más pesadas y profundas turbulencias electorales y al final salir airosa y continuar incidiendo en la geopolítica mundial como la primera potencia militar del planeta, anclada desde hace más de un siglo en la cima de una montaña dorada que le han disputado Rusia, China, Reino Unido, Francia, Japón.

Lo mismo ha ocurrido respecto al estremecimiento cíclico más alejado de países del Oriente Medio y Asia, como son los casos de Irán, Turquía e India. Estas aseveraciones las externamos a raíz de las recientes elecciones y el tremendo conflicto por el poder dado entre el demócrata Josep Robinette Biden Jr. -político al que todos conocemos simplemente como Joe Biden- y el republicano Donald John Trump.

Durante las elecciones del año 2016 “ganadas” por Trump a Hillary Clinton, todos fueron testigos de los sendos artículos que escribimos y quedaron como memoria para el estudio de la historia reciente de Estados Unidos. Lo que planteamos en aquellos textos y ensayos se quedó corto debido a que, por lo aprendido, sabíamos que el éxito político de Trump en unas elecciones de Estados Unidos no iba a llegar muy lejos.

El escritor y pensador dominicano Juan Bosch decía que: “(…) para juzgar a un hombre no basta con lo que haya hecho, sino que hay que tomar en cuenta aquello que no hizo debiendo hacerlo”. 

El viejo maestro caribeño fue siempre bastante crítico sobre aquellos empresarios que en realidad veían la política como un espacio de promoción de la figura, más no de su compromiso sincero con el pueblo que depositaba su confianza en él. No era que Bosch estaba contra el político empresario, sino contra la falta de decisión de éste cuando tomaba la determinación de ser político y en medio de sus indecisiones confundía ambas tareas sociales. Creo, sinceramente, que es lo que ha ocurrido a Donald Trump.

Contrario a lo que muchos piensan yo soy un admirador nato del Donald Trump empresario (no del político) y he leído más libros -unos dieciséis, tal vez, de los tantos volúmenes escritos por él- y más que los aduladores «conspiranoicos» que dicen seguirle a estampa de huella. Opté, de forma principal, por sus primeras obras escritas como son: El arte de la negociación, de 1987, y Sobreviviendo al éxito: en la familia y en la vida, de 1991. Recientemente digerí en tres días la obra que escribiera en 2006 junto a Robert Kiyosaki, Queremos que seas rico. 

Cuando cito a los “expertos” de las fábulas «conspiranoicas», muy en boga en las redes hoy en día, me refiero a aquéllos que ven la nevada española del mes de enero de este 2021 (que debería ser algo a evaluar y comunicar con seriedad) como una obra del High Frequency Active Auroral (Haarp), que no fue más que un programa anterior creado por las fuerzas militares de Estados Unidos en 1993, en Alaska, para el estudio de la ionósfera.

Éstos -los promotores de la conspiración a toda gasolina y pantalla, me refiero- ven las lluvias como guerra de sangre de extraterrestres, las auroras boreales como cortinas creadas en determinados momentos por los tales “dioses” “hermanos” Enlil y Enki para que no veamos las luchas entre seres extraños del más allá, el Covi como un plan de Xi Jinping por venganza en la saga Huawei y las “pocas salidas de la reina doña Isabell II de Inglaterra como la consecuencia de su sustitución por el “rey” Josep Gregori Hallet”, y un montón de cosas así aún más expeditas y con cualidad de verdaderos esperpentos “creativos” sin rigor, rubor ni control.

Pero no estamos hablando del éxito ni de las obras de Donald Trump, y menos de los propagadores de las “noticias de conspiración”; estamos hablando de política, en letra mayúscula y acuñada en arcilla de bienvenida al camino en un título que hemos denominado Biden, Trump y la polémica de Polibio.  

POLIBIO

Para que podamos dar seguimiento al pie de la letra, por si acaso hemos olvidado algún escondrijo de la historia de la humanidad que albergamos en cierto momento en la memoria, Polibio fue uno de los grandes historiadores griegos y considerado como el primero en dar un sentido universal al estudio de la historia.

Polibio de Megalópolis, culto y hecho en las letras, nació en el año 200 (a C) y murió a los ochenta y dos (82) años en el 118 (a C); pisó por primera vez los suelos de la Roma imperial en calidad de rehén exiliado en el año 166 antes de la era cristiana siendo un joven que contaba los treinta y cuatro (34). Tenía, por haberlas vivido en carne propia, vivencias frescas de la Tercera Guerra Púnica entre Roma y Fenicia y de la Caída de Cartago.

Fue maestro de hijos de hombres de letra en gran parte de Grecia. Escribió sobre los valores republicanos y desde su juventud se había convertido en un historiador preclaro entre preclaros desde los tiempos de la grandeza de su nación mediterránea, seguido en la posteridad (algunos decalustros más tarde) por lumbreras históricas de la talla de Tucídides, de la misma Grecia antigua.

Polibio habría de ser valorado como hombre de gigantesca estatura cultural, por Friedrich Nietzsche bastantes siglos más tarde. Hablamos de un personaje singular que fue capaz de narrar en su tiempo los más vastos enfrentamientos bélicos y crear las bases para el estudio de la historia global en términos reales, la que recogió en cuarenta volúmenes en su póstuma obra Historia Universal.

Pero uno de los acontecimientos más importantes en la vida de Polibio fue la famosa polémica vivida contra el grupo de los veinte filósofos e historiadores de aquella época, la cual provocó en él el llamado tiempo amargo del escritor, a pesar de la protección que tenía de hombres de estado de mucho poder en las escuelas romanas.

Sus frases memorables son innumerables, pero fue por aquellos tiempos de vendados no convencidos y de la nueva arquitectura del complot de Estado en que la realidad vivida le llegó a convencer de que “(…) un estadista que ignora la forma de la génesis de los acontecimientos es como un médico que no conoce las causas de las enfermedades que se propone curar” y que “(…)  la historia ofrece el medio mejor para los que han de tomar parte en los asuntos públicos”. 

dr.manuelantoniomejia1701@gmail.com

Compartelo