Por Miguel SOLANO

Este pasado 7 de noviembre, cuando apenas se habían contado una parte muy pequeña de los votos, escribí en mi muro de Facebook:

«Joe Biden obtendrá 306 delegados. El total de delegados son 538. Es decir, Biden ganará con el 56.87 por ciento».

Pero TRUMP, que ha desarrollado un muy buen sentido en cuanto a saquear el bolsillo de sus seguidores, empezó a denunciar fraudes y pedir dinero. Si reúne 10 millones de dólares puede invertir 200 mil en poner una demanda. El negocio de poner demandas se convirtió en un McDonald con olor a KFC.

La institucionalidad americana, que no juega al vandidaje, decidió que había que ponerle freno al negocio de la Casa Blanca. Y Chris Krebs, director de la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad, certificó:

«No hay pruebas de que ningún sistema de votación haya eliminado o perdido votos, haya cambiado votos o haya sido afectado de alguna manera».

A las agencias de seguridad les llegó la información de que TRUMP continuaría con su plan de denunciar fraudes para recolectar dinero, entonces el hombre que ostenta el más alto rango militar, el Jefe del Estado Mayor Conjunto del ejército de Los Estados Unidos, general Mark Milley, hizo una declaración que, además de calmar al mundo, lo estremeceria, por y para siempre :

«No hemos jurado defender a un rey o a una reina, a un tirano o a un dictador. No hemos jurado defender a un individuo. No hemos jurado defender a un país, a una tribu o a una religión. Hemos jurado defender la Constitución”.

A partir de ese momento, Emely Murphy, directora del Servicio General Administrativo, debió empezar el proceso de cumplir con la Ley de Transición Presidencial, pero no lo hizo, sino que obviando todos los precedentes anteriores y para que Donald TRUMP pudiese seguir recolectando dinero, ignoraba lo que todo el mundo ya había: ¡TRUMP, e’pa’fuera que va!

Emely Murphy es una blanca muy pasada de peso que para orinar le pide a TRUMP que autorice la salida de su deshechos, pero la Ley en América no excusa la cobardía.

Así que RICHARD NEAL, el representante en la Cámara que vigila los negocios de GSA, le envió una carta, mediante acto de alguacil, en la que le advirtió a Emely Murphy que o cumplía con la Ley o sería arrestada.

A Emily no le dio tiempo para ir al baño, tuvo que deshacerse de los pantis. Y el mundo conoció la carta en la que la Casa Blanca reconoce a Joe Biden como Presidente electo y le otorga los recursos y poderes para iniciar todo el proceso de transición.

Para conseguir dinero mal habido, TRUMP no conoce los límites, pero los grandes suplidores les dijeron a los líderes republicanos que no aportarían ni un centavo más para continuar con la estafa de TRUMP y que se olvidarán de Georgia. El mundo republicano se fue a la hamaca.

Durante 20 años trabajé en Los Estados Unidos. Aprendí lo que es el valor de la Ley y el poder de la institucionalidad. TRUMP sabía que sólo puede hacer negocios sucios si destruía esa instituciones democrática, pero ellas están basadas en el amor y son más fuertes que el poder del mundo entero. Y como aves de un mismo plumaje vuelan juntas, TRUMP encontró a Rudy Giuliani. Nadie podrá convencer a la base idiotisada de TRUMP de que las elecciones fueron limpias y puras, pero esa creencia no evitará que TRUMP y sus cómplices vayan a la cárcel. ¡Así fue profetizado!

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