¿CÓMO JESÚS ELIMINÓ AL MONOPOLIO?

Por Miguel SOLANO

El rabino había inventado el monopolio y cobraba por ello. Todos los jueves los productores llevaban sus mercancías y en el Templo alquilaban una mesa para colocarlas y venderlas. Era el auténtico mercado libre.

Un día unos productores jordanos llevaron unos cerdos que resultaron hermosisimos. Su belleza atrajo a los consumidores y ese día, 213 años antes del nacimiento de Jesús, los judíos productores de gallinas no pudieron vender una. Fueron a quejarse donde el rabino, pero Hircano le respondió que nada podía hacer porque eso era una decisión de los consumidores.

Los productores de carnes se reunieron para buscarles una solución al dilema de aquella competencia «desleal», pues sostenían que a esos cerdos alguna droga les estaban dando porque esa carne no podía resultar tan sabrosa.¡Chicharrón de primera!

Contrataron a unos agentes para que investigarán cuál era el secreto. Pero los jordanos que sabían de los movimientos se burlaron diciéndole que «ellos compraban los judíos muertos en batallas y se lo picoteaban a los cerdos»

A la muerte de Hircano las cosas mejoraron. Los judíos lograron sobornar al escribiente para que incluyera en La Tora a la carne de cerdos como «alimento prohibido». Y así se abrió todo un festín: Cada vez que un productor quería eliminar a un competidor le pagaba al escribiente para que incluyera al producto en el listado de «alimento prohibido».Y durante esos dos siglos los escribientes hicieron su agosto llegando a prohibir 42 productos.

Duró dos siglos la batalla. JESÚS inició sus predicas y su castigo verbal a los delincuentes oficiales. Los productores fueron donde Jesús y le plantearon el dilema. Jesús se incomodó:

— ¿Cómo puede ser posible?¿Cómo cometen el delito de prohibir el libre comercio? No se preocupen. Demen un par de días. Voy a prununciar una parábola que hundirá a esos delincuentes para siempre. Judas irá a anunciarles cuando será. Ustedes vendrán a la plaza y Judas le dirá la pregunta que uno de ustedes me hará.

Los productores salieron esperanzados y el día acordado estaban allí frente al Templo. Jesús hablaba sobre la libertad y la felicidad que sentía el hombre al producir aquellos animales, aquellos vegetales, aquellos condimentos que Dios ponía en su destino.

Profeta, preguntó un productor, pero¿ de qué sirve trabajar y producir si La Tora prohíbe su consumo?

Jesús, llamando a sí a la multitud, les dijo:

— Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre…

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