Por Manuel Hernández Villeta

El año escolar  tiene que ser analizado  dentro de sus manifestaciones de emergencia. No hay condiciones para poder desarrollar un período lectivo que se encuadre  dentro de la normalidad tradicional. Lo importante es que los niños  y las familias no  se desliguen de las escuelas.

El éxito de este año escolar estaría enmarcado sencillamente en que se logre que los muchachos mantengan el amor a la escuela, y se preparen para el 2021 para tratar de realizar una actividad normal.

Será difícil mantener la atención de los niños desde las casas. Las madres, que sobre todo son la cabeza del hogar, tienen sus propias obligaciones, y la mayoría  saldrá a las calles a buscar la comida. No se olvide el drama de abandono y miseria de la gran cantidad de madres solteras que hay en el país.

Hay factores que son determinantes que podrían imposibilitar  la aplicación de la docencia, en caso de que desde ya no se tomen las  providencias de rigor.  Cada curso que se imparta por los medios audiovisuales necesitará un televisor. En una familia de cinco niños habría que contar con cinco televisores para recibir la clase.

Además, en la mayor parte del país los apagones son constantes. Son contadas las áreas donde se puede decir que hay energía las 24 horas. Por experiencia propia sé que donde hay 24 horas de servicio  la energía se suspende periódicamente.

Si no se controlan los apagones no podrá haber un año escolar exitoso. En los barrios hay suspensiones de diez horas, sobre todo en la mañana y la tarde, cuando se impartirá la docencia. Los padres no podrán hacer magia para poner a los chicos ante la pantalla del televisor.,

No se olvide que en época normal en los planteles ubicados en los barrios  a veces es imposible impartir docencia por falta de electricidad. Hay que buscar salida al suministro de energía en las áreas escolares, si se quiere salvar la docencia.

Hay profesores incapacitados que ahora tendrán una prueba de fuego. Las llamadas pruebas nacional deben quedar fuera en este año escolar. De hecho esos exámenes se llevan un gran presupuesto y no sirven para nada. Se les debe abolir en forma definitiva.

Un año de aulas cerradas sería frustrante para el país. Pero tampoco se pueden hacer proyecciones por encima de las posibilidades reales. Si no se integra a los padres a la escuela a distancia, todo será un fracaso. La familia tiene que estar unidas ante esta responsabilidad. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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