Por Miguel SOLANO

Hace unos días, sin ir muy lejos pa’fuera en el tiempo, me llamó una apetecible amiga. Yo nunca la había enamorado porque Cangregina se había hecho amiga de mi esposa y vivían contándose muchas cosas que para el corazón de mi reputación yo estaba involucrado en cada una de ellas.
Aunque Cangregina nunca ha tenido en ignorancia el olor de mis miradas que, como aroma de guayaba penetra en su cuerpo en forma natural y como nubes derramadas sobre las olas de la mar caminan en sus senderos de cumpleaños. Ese día yo soy el único carpintero en sus preferencias soñadas
Para los dioses, «el misterio es la obligación de guardar silencio sobre lo que se está haciendo». Pero uno como cuentista se lo descubre. Al Dios de Cangregina se le ocurrió hacerle un llamado urgente a mi Corina y pasé yo a estar como el perro callejero, dueño de un mundo que no es suyo.
Estoy en la SOLSÉPTIMA poniéndole a la lavadora un poco de comida y escuchando esas melodías que vinculan con la felicidad al alma y al espíritu de todo lo que camina, piensa y vuela.
Entonces sonó el teléfono… Era Cangregina :
—¿En qué puede serle útil un inmortal?
Mientras espero la respuesta en mis abrazados apetitos se desata el amor y sus prohibidas ilusiones. Y Cangregina, como el dios Hades, me dio el alimento que me ataria por siempre a sus despertadas noches.
— Se me quemó el apartamento.
—¿Pero con el fuego que arde y destruye?
— Sí, con ése.
Hasta ese momento yo no había pensado con malicia o bondicia, lo buena que está Cangregina. No votaré por un pecado, pero empecé a agradecer al dios del fuego lo oportuno, las formas como actúan sus hijas predilectas:¡Las llamas!
—Te llamo porque quiero saber si puedes darme alojamiento por unos días.
— En los bolsillos de mi corazón siempre lo ha tenido. Podrás quedarte hasta que el Sol se apague, pero déjame preguntarte algo : ¿La experiencia del drama no será un obstáculo para intimar ?
– Pero por esa razón te estoy llamando : De alguna manera tengo que sacarme este fuego que llevo dentro de mí.

Compartelo