La Espera de Penumbra, una vida vacía y los peligros del otro mundo 1 de 10

POR RAFAEL SANTOS

Esta novela, Espera de penumbras en el viejo bar, me puso en contacto por primera vez con Roberto Marcallé Abreu. La leí y releí por años y siempre me provocó una honda confrontación espiritual. No era para menos. Si Marcallé Abreu, hubiese escrito esta novela por estos tiempos y no en el 1979, estoy totalmente convencido de que la misma hubiese tenido un sentido mucho más dramático.

Espera de penumbra cautiva porque nos habla de conductas que vinculan al hombre y a la mujer en lo que podríamos calificar como “un enmascaramiento de las relaciones”. No hablamos de los sentimientos que hacen posible la natural atracción entre los sexos, sino de artificios o conductas retorcidas que involucran a uno y otra pero en un sentido mercurial. Se trata de una nueva clase de prostitución en la que se hace uso magistral o equívoco de los sentimientos ajenos que se transforman en una trampa cuyo propósito y fin viene a ser el dinero. Esta novela fue escrita hace cuarenta y dos años. Pero uno la siente como si su trama se desarrollara en el 2021 y frente a nuestros ojos… de inmediato me vienen a la mente esas muchachas que reciben un nombre cuyo equivalente es de aprovechadoras, habilidosas…

Es toda una revelación. Es el diseño literario –y real− de un tipo de comportamiento en el que la persona se transforma en presa. Es el caso de la víctima y del victimario. El vulgo habla de los hábitos y la sapiencia, que ya son una subcultura, de la mujer que utiliza sus cualidades para atraer al hombre y ponerlo al servicio de sus fines, intereses y necesidades. Para estas mujeres el hombre es, sencillamente, una presa.

“…oh, René, pasa, siéntate. Parecía tan natural. El frenesí de posesión y muerte fue muriendo ante sus grandes ojos, su sonrisa. He estado muy mal, dijo. Esperaba que vinieras aquí, pero no viniste. ¿Y tú?, cuestionó, ¿estuviste aquí, en casa? ¿No estabas en…? No, dijo, no he salido de aquí. Me pareció verte en un carro, hace un rato… ¿a mí?, interrogó. No he salido de aquí. La tristeza y la alegría se mezclaron en mi alma. Nunca llegaría a conocerla”.

Con extrema sutileza ella pone en práctica un plan con el objetivo de conseguir ciertos beneficios. Su arma es su encanto, su cuerpo. Siempre hay de por medio una historia que a la larga termina por conmover a la persona escogida. Es parte de la trampa.

Esta es la primera novela que Marcallé Abreu publica y, sin embargo, en el escritor se observa un evidente nivel de profesionalidad y de madurez. El autor empieza a darle forma al que será después todo un universo de significados. La ambivalencia en las relaciones humanas, el conflicto entre lo que se desea y lo que puede lograrse, la propia valoración o la baja autoestima, los celos, el mundo urbano y sus contradicciones, la evasión, la frustración, la amargura, el éxito…

El autor seduce no solo con los personajes y la trama. En su escenario hace uso admirable de la cultura del bajo mundo o de los ambientes de personas de clase baja y las maneras en que las mujeres, los placeres, el alcohol, la música que explota y revela los sentimientos y las pasiones extra maritales juegan un papel primordial.

Conviene destacar el papel de la nostalgia en René, uno de los personajes principales. Y cómo la nostalgia, la presencia de la insatisfacción, de la amargura, orientan el devenir de la novela y retuercen el camino de sus actores.

El autor maneja con destreza estos temas. Y esta destreza proviene de su condición de periodista veterano, de conocedor de escenarios en los que ha entregado muchos daños de su vida. Esa fluidez impacta al lector, acapara su atención. El estudioso de Espera de penumbras siente que Marcallé Abreu lo toma de la mano y lo conduce a ese mundo tan de pueblo, un ámbito que asombra y fascina, un ámbito con el que es fácil compenetrarse, que nos envuelve en sus vivencias, que nos permite conocer al dedillo esta historia.

René llega a ser parte de nosotros mismos. La pesada carga de su nostalgia nos involucra y nos afecta. Nos obliga a mirar a este personaje y a mirarnos a nosotros mismos, a evaluarnos, a ver si lo vivido y lo sufrido han valido la pena. “…lo observa desde la penumbra de la entrada al Bar Gloria, bar de recuerdos, bar de tristeza, bar de Eros y de Baco, bar de tu memoria, mujer, de tu presencia, de tus labios y de tus ojazos, bar de mi vida, la observa mientras Irene se quita la capa, deja la sombrilla sobre el piso, abierta, para que el agua corra, y lo mira con un gesto, con una expresión, con una realidad que vale toda una vida…”

En Espera de Penumbra, se suscitan situaciones que son abordadas por el autor lo que a su vez permite al lector un tipo especial de conexión con el ambiente gracias al manejo de los diferentes escenarios. Sobre todo, aquellos que nos hablan no solo del Bar Gloria, que es en donde se desarrolla la mayor parte de la trama, sino además del entorno, tanto el citadino como el rural, lugares que son magia y pasión, en donde René sueña con vivir junto a Irene, quien en la novela es la viva imagen de la mujer de pueblo que a costa de lo que sea, decide vivir su vida. Lo que Irene quiere y aspira es obligación del lector el descubrirlo antes de alcanzar el final de la obra.

Espera de penumbras en el viejo bar es la historia de un frustrado triángulo amoroso. René, de unas parte, empleado privado con responsabilidades en la empresa donde labora que lo conectan con el diario vivir, sus sentimientos de culpa, su falta de conocimiento de la vida como se vive en la calle, el mundo insospechado de Irene, toda esa realidad que él va descubriendo en las penumbras del Bar Gloria.

Manuela, a su vez, la esposa sufrida, fiel, abnegada, apacible, poco coqueta, paciente y siempre a la espera de que su hombre supere el extravío y retorne a ella, a su hogar, a su familia, que es el verdadero mundo y su verdadero mundo.

Ella es la típica representante en la obra de ese conglomerado femenino al que la sociedad etiqueta como “fría” o al margen. Es poco valorada por su pareja y hasta por esa misma sociedad. La paciencia es su principal arma para lograr cuanto persigue.

Si algo nos queda en claro de esta novela es la situación del hombre que se cree capaz de doblegar las contingencias del mundo exterior. Se sobrevalora sin percatarse de que ha sido transformado en un tibio objeto sexual, en parte de una oscura componenda que involucra intereses que nada tienen que ver con el amor.

Irene, se desempeña como el personaje central de la novela, protagonista silente, pero con un arma en su interior y un vasto conocimiento en las cuestiones amatorias, a lo mejor como fruto de las incontables experiencias que le ha tocado vivir en medio de un entorno miserable.

Como lector objetivo podríamos verla tal vez, como una víctima más dentro del espeso mundo de las desigualdades sociales, pero a juzgar por el discurso del autor quien no lo expresa de manera clara en todo el trayecto de la obra hay que colegir que la misma es víctima y victimaria; la principal culpable de todo lo que pasó en el matrimonio de René y de Manuela y lo que pudo haber pasado en caso de que el primero perdiera definitivamente el sentido de las cosas y hubiese roto con su matrimonio por una aventura.

René pierde el sentido de las cosas. Estaba tan interesado en Irene que no le era posible ajustar las piezas del ajedrez emocional que ya se estaba saliendo de control.

De manera pues, estamos ante una novela de gran significación para el estudio de los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad en cuanto al tema de las relaciones amorosas. Espera de penumbra en el viejo bar, es si se quiere, un cuadro en el que se puede comprender parte del entramado donde las descarnadas pasiones y las relaciones conflictivas a consecuencia de la falta de comunicación e inmadurez nos permiten abrir los ojos y conocer verdades y situaciones que se aclaran después de esta lectura. Espera de penumbras nos dejó sinceramente complacidos y no solo el drama que allí se vive, los personajes y el ambiente, sino un final sorprendente que nos impactó profundamente.

“Haré lo que tú quieras, dijo ella. Dio dos palmadas, me trae la cuenta, dijo, ¿se van tan pronto? preguntó la camarera, pero no esperó la respuesta”…

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