La lealtad, dañada por los farsantes

“Agradezco de manera infinita, el comentario noticioso que para fines ilustrativos y educacional me envía mí, tocayo *Connotado Abogado santiagués Negro Veras* que leo cuidadosamente y me siento más que satisfecho con las aportaciones literarias que me ofrece”, Polón Vásquez.

Por: Ramón Antonio Veras.

Mamá me hizo de una sola pieza. Mi madre no solamente me parió, sino que también me educó para que mis actuaciones estuvieran ajustadas a mi crianza.

Ella quiso hacer de mí una persona   libre de  ideas preconcebidas, porque son las que impiden los juicios libres.

Por llevar una existencia como la deseó  mamá, al instruirme en lo que consideró   debía   de   ser   un   hombre   sin   taras,  no   tengo   espacio   en   mi cerebro para pensar en dañar a otro ser humano.

Mantener a mamá como guía mental, me ha llevado a estar al margen de aquellas formas nocivas de actuar que contaminan el medio social.

Creo en la sinceridad como algo inherente a mi propia existencia; no la acepto fuera de mí; el fingimiento lo detesto.

El sentimiento de cariño hacia otro lo vivo intensamente, sin reserva de ninguna clase.

Porque provengo de un hogar dirigido y formado por una mujer de una sola pieza, me desarrollé como un ser humano que no sabe hacer traición.

El quebrantamiento de la fidelidad no está en mí. Asimilar   las   orientaciones   de   mi   progenitora,   me   motiva   a comportarme plenamente fiel a quién le doy   testimonio de amistad.

He hecho de la fidelidad una norma de vida. La debida franqueza la tengo como línea a seguir. Creo   que   la   nitidez    ha   de   ser   la   esencia   misma   de   aquellos   que deciden ser amigos o amigas.

Debe estar presente  la transparencia entre quienes se unen basándose en el afecto mutuo.

Al tener de por medio al amigo o a la amiga que cree en mi amistad, me convierto en su otro yo. Me creo  ser la prolongación de la persona de aquellos a  quienes hago saber que  tienen  en  mí a  un auténtico amigo personal.

Al entregarme al amigo procedo con pensamiento pausado, para nunca arrepentirme   de la adhesión que le profeso a quién he escogido como aliado fiel.

 No hay tacha de ninguna clase en los nexos que tienen origen perfecto.  Compartiendo con personas desleales. Aunque   me   he   preocupado   para   que   aquellos   con   los   que   me relaciono y gozan de mi estima, desarrollen la lealtad hasta su más alto grado, en general no he logrado el objetivo que persigo.

No ha fructificado mi deseo de encontrar equilibrio, entre mi entrega en la fidelidad que  practico, y la deslealtad de que he sido víctima.

Al parecer   han   pesado   más   en   los   traidores   las   taras   sociales,   que   las demostraciones de afectos que de mi parte  han recibido.12.

La realidad de la vida me ha demostrado que he procedido de manera ingenua,   ante   personas   que   simulan   sentimientos   y   opiniones   que   no tienen.

Farsantear es cultivado por individuos a quienes creía llenos de franqueza.

En el ambiente nacional dominicano está resultando algo complicado encontrase con el ente social   digno de fiar. Algunos a los cuales creía merecían   mi  incondicional   confianza,   me   han   resultado   totalmente innobles, falsos de cuerpo y alma.

Lo   que   me   está   diciendo     el  diario   vivir   es   que   debo   estar condicionado   para   no   impresionarme   por   las   deslealtades   de   que   sea víctima, por personas a las cuales tenía en condición de amigos.

Nada me debe   extrañar,   porque   el  medio   daña   hasta   a   los   más  puros   de sentimientos. Hay que mantenerse lo más extremado vigilante posible porque, de un momento a otro comprobamos que aquel a quien creíamos nuestro más fiel   amigo,   hizo   causa   común   con   un   venenoso   murmurador.

Es   un perverso artero aquel a quien creía tu aliado fiel, pero compartió con tú adversario gratuito que se prestó a difamarte. 

Debemos proceder a escoger con sumo cuidado a los amigos que creemos fieles y sinceros, para no   ser   víctima   de   los   farsantes; hay que ser vigilante y ser   minucioso observador a   la   hora   de   depositar confianza.

Ser escrupuloso nos libera de tratar a los simuladores. Nada de actuar a   la   ligera  para   evitar   pasar   por   momentos   amargos  y desagradables ante   la perversidad de un traidor.

Son muchas las situaciones anímicas que generan en las personas los actos de deslealtad, comenzando por las frustraciones, y terminando con los desengaños que se mantendrán en la conciencia como un sello de desesperanza.

Porque   nadie   se   prepara   para   sentirse   desalentado,   la   deslealtad golpea anímicamente hasta al más insensible.

El   disgusto generado por la falsía y mentiras,  además de contrariarnos y causamos sinsabores,  nos  lleva  al abatimiento, hundiendo el deseo de proceder de buena gana, de estar a gusto.

Cuando descubrimos la actitud del desleal, es entonces cuando más debemos fortalecernos con absoluta inclinación hacia ese amigo que se ha mantenido  fiel,  y  es el  que  se   hace  merecedor  de  nuestra completa bienquerencia.

Santiago de los Caballeros, 25 de mayo del año 2021.

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