Por JUAN JOSE ENCARNACION

LA institucionalidad engendra la democracia, la democracia engendra la libertad, la libertad engendra la justicia y la justicia engendra la felicidad, que es, para bien de la raza humana, el ultimo y divino estado al que el universo nos conduce.
Dentro del marco de la evolución política entendemos que la institucionalidad es posible cuando los funcionarios se someten al imperio de la constitución, las leyes y los protocolos. Y que la institucionalidad democrática se engendra cuando los funcionarios, en su imaginación incorporal, entienden que el respeto por la constitución, las leyes y los protocolos es parte de su diario vivir, hijo de su propia misericordia.
En la Republica Dominicana ese pensamiento, limpio y puro, atado al quehacer del político, quedó sembrado con la predica del Maestro Juan Bosch. Y le debemos al doctor Peña Gómez el que haya internacionalizado la necesidad del pueblo quisqueyano por vivir en democracia y libertad. Démosles a esos hombres la más benevolente acogida, en nuestros corazones porque por eso templa la lira.
Pero ese esfuerzo, ese sacrificio, ese librarse de la tiniebla necesita de el nacimiento de nuevos árboles que retomen el todo y generen la unidad. En el 1978, con la enorme alianza internacional lograda por Peña Gómez, siempre y en todo inmortal, fuimos capaces de salir del régimen corrupto que encabezaba Balaguer.
Antonio Guzmán, que asume como presidente era un hombre muy bueno, pero no entendía de institucionalidad y por tanto los movimientos libertarios que impulso eran mas emocionales que estructurales. Jorge Blanco dejo abandonados a los principales dirigentes del PRD, dejó fuera a los auténticos dirigentes que lo llevaron al poder y ese hecho posibilitó el regreso de Balaguer.
En el 1996 volvemos a salir de Balaguer de una vez y para siempre, pero sus fuerzas siguieron actuando como ente estatal y como demonio capaz de obstaculizar el desarrollo institucional. El régimen de Hipólito Mejía no fue ni creatura ni creador. Y Danilo Medina fue una creatura que se desligó del creador.
Ahora entramos en la naturaleza propia de la institucionalidad. El país goza de la existencia de dos lideres que tienen la capacidad para entender la necesidad de la evolución institucional: Luis Abinader y Leonel Fernández están llamado a ser el eterno fluir y desarrollar un sistema de alianza que genere y cultive la entidad divina llamada democracia.
Esa entidad divina depende el voto popular. Y el voto popular depende de un ciudadano que actúa con responsabilidad moral, con capacidad para elegir y con el suficiente valor para rechazar la conquista satánica.
La constitución dominicana establece que el “voto es un deber”. Y un deber es una obligación. Luis y Leonel tienen que ponerse de acuerdo para crear a ley que se ajuste a nuestra CONSTITUCION y castigue la irresponsabilidad de no votar.
La irresponsabilidad de quedarse sentado no se le puede seguir permitiendo al votante. El negocio de que lo vayan a buscar y le paguen por votar, no se le puede seguir permitiendo al votante, la capacidad de obtener un puesto público a través de la compra del voto no se le puede seguir permitiendo a los delincuentes de la política.
Luis y Leonel están llamados a consolidar esta democracia, a institucionalizar esta democracia y están llamados a abrirles el camino para que los honestos y sabios pueden competir y ganar, que ese es el fin último de la democracia. Y nosotros, los que duramos mas de 40 años al lado de Peña Gómez, y ustedes, los que duraron más de 40 años al lado de Juan Bosch, juntos podamos decir: ¡Juan, Peña, Gracias a sus almas!

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