Por Miguel SOLANO

María Antonietta Ferro escribió el prólogo a «Yo soy la imagen». Y «Yo soy la imagen» adquirió el sagrado estatuto de «Amazon Modelo Poético de la Lengua Española». Ahí tienen ustedes la profecía de María Antonietta como un regalo al mes que nos recuerda que no se murió el amor.

En este poemario Solano nos regala una poesía que desliza
entre las cosas y su representación, entre las imágenes y
las palabras; una poesía cuyos versos se hacen instrumentos
de un conocimiento que no puede apartarse del misterio; una
poesía que es búsqueda metafísica de la esencia del ser, acción
del pensamiento del poeta sobre la realidad filtrada por sus
ojos y, sobre todo, por su corazón.

Hay corazón, pasión, sentimiento en las líricas de Solano,
quien toca todas las teclas de la existencia con dedos ligeros,
sin embargo excavando en lo profundo, con un lenguaje a
veces descarnado, mas frecuentemente rico y dulcísimo, siempre
con grande maestría en el uso de la palabra, que él maneja
como yeso para crear imágenes que lucen como esculturas.
Encienden el alma los poemas de ese Creador que lleva
el nombre de un viento procedente del este, generador de fuego
y locura. Al leerlos, no se puede pasar sin dejarse arrollar
por la fuerza que ellos desprenden, sin quemarse en las llamas
del ardor que los ha engendrado, sin aliviarse en el mar azul de
la libertad que expresan y que es la propia libertad de él quien
los ha concebido.

Es posible escuchar el silencio del mundo, percibir el sonido
de la ausencia, saborear el olor de una rosa para perderse
en el infinito fluir de ese Universo que cada sílaba encierra en
sí misma.

Nace espontánea la poesía de Solano, sin esfuerzo, engendrada
por la riqueza de su interioridad. He visto nacer algunas de sus creaciones
en las situaciones más impredecibles;
lo vi escribirlas detrás del boleto de un tren que nos
llevaba a la casa, así, de una vez, brotadas como manantial
cristalino en un contexto que a ninguna otra persona habría
dado inspiración.

Cada imagen real se vuelve poesía atravesando su mente,
pues él es la imagen encerrando el misterio del conocimiento
más allá de la apariencia. Con esta obra Solano archiva un
estatuto santo dentro de la lengua española.

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