Obama, lo siento por la partida de tu ser querido, Bo


POR RAFAEL SANTOS
No lo conocí en persona, pero lo aprendí a querer. Conocí de su existencia cuando en medio de las páginas del libro Tierra Prometida, Barack Obama, su propietario, hablaba de él como si se tratara de una persona muy especial, pues era especial. Llegó a la familia presidencial estadounidenses un domingo de Pascua del 2009, gracias a la amistad y el cariño del senador Ted Kennedy; me refiero a Bo.


Bo era un perro de aguas portugués, y tan pronto llegó al regazo de los Obama, se convirtió en una celebridad, el cual según lo descrito tanto ahora como en el citado libro más arriba, nunca mordió a nadie, pues era amigable y juguetón que de solo verlo, según el ex mandatario, inspiraba ternura y confianza.
Descrito como un amigo leal y un compañero de la familia, suscribo en todas sus partes las palabras tanto de Obama como la de su esposa Michell Obama, los cuales en sus cuentas de Twitter han expresado su dolor y que junto a sus hijas Malia Ann y Sascha han lamentado la sentida perdida de un ser tan querido como lo fue su perro.
Muchos se preguntarán que por qué escribo estas líneas si ni siquiera conozco a Obama ni a su familia, y a seguida contesto, que como todos sabrán, soy un amante de los perros, y como tal, sufro en carne propia la muerte de un canino tal vez de la misma manera o con un poco más de sentido que la de un humano, pues, ya he pasado por esta terrible experiencia con la muerte hace algo más de 5 años de la partida de Kobby, un perrito Salchicha que durante 13 años y unos meses nos alegró la vida en mi hogar junto a mis hijos y esposa.
Pienso cada día en Kobby, el cual al igual que a la citada familia los lleno de alegría y de magia los momentos más silentes y difíciles, tal y como lo hace hoy día mi perro Floffy, quien al momento de escribir estas líneas está sobre mis pies lamiéndome y haciéndome cosquillas como una manera de decirme que estoy aquí, que le brinde la atención del momento y como siempre les haga las preguntas de lugar, que cómo está, que cómo se siente, o que le diga y lo regañe por haberse portado mal con una de sus travesuras, pues Floffy, contrario a Kobby o a Bo, es un tipo incorregible, juguetón y como los de su raza shist zu, es muy dado a no tener la inteligencia sobre la cual su propietario podría sentirse orgulloso, pero aun así, es mi perro y los hijos e quieren como son, con sus defectos y sus virtudes, y punto.
Finalmente, si de algo puedan servir mis palabras a la distancia, vayan mis condolencias por la sentida perdida del canino, un miembro de la familia que de seguro será recordado con la gratitud que merecen “personas” especiales como el Comandante Bo.
Nota final: Dedico estas palabras a mi gran amigo y ex compañero del barrio, Michel Mattar Hag, quien desde su hogar en México, es un amante empedernido como yo, de los seres más especiales que hay sobre la tierra: los perro.

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