Por: Susi Pola

El Estado dominicano permite que se legalice la violencia basada en el género contra las mujeres y las niñas apoyando las costumbres sexuales machistas sin hacer ningún esfuerzo por cambiarlas, al contrario, la reafirmación del doble parámetro ha conseguido establecerse en este país, en los últimos cincuenta años de los que podemos dar testimonio, como “la cultura que hay que defender”.

No es de extrañar que haya legisladores que se opongan el destierro de las uniones infantiles forzadas, sean matrimoniadas o en concubinato, porque hemos sabido a través de estos años que muchos masculinos congresistas, han “tenido amores formales” con niñas y adolescentes, y probablemente, habrá legisladoras que aceptan esa conducta de sus compañeros.

Hay hasta la interpretación de que, legislar para que esta práctica deleznable sea borrada de las leyes, contraviene el artículo 21 de la Constitución sobre la ciudadanía, a pesar de que, cuando les conviene, lo que suelen hacer es inventar “un bajadero”, y en eso, son geniales.

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En nuestro país, la violencia contra las mujeres más reconocida, es la ejecutada en el ámbito de la pareja y de la familia,aún sean menores las mujeres, una situación propia de nuestro imaginario socio cultural, que vigencia la violencia en la posesión machista del hombre sobre la mujer, en cualquier edad.

El sistema patriarcal, con sus relaciones históricas desiguales entre mujeres y hombres, sigue vivo y saludable y se mantiene en función sus mecanismos a través de los valores sociales, en los que, el espacio doméstico, la vivienda, el famoso hogar, sigue siendo el más peligroso para las mujeres y las niñas.

La diferencia que vincula las relaciones de los hombres con las mujeres, en un contexto de poder masculino, produce violencias terribles para ellas que van desde los tipos clásicamente reconocidos, como física, sexual, emocional o sicológica y patrimonial o económica, hasta una suma de maneras, escenarios y situaciones que van sumándose a medida que se desmitifica la cultura machista en que vivimos.

La violencia de pareja contra las mujeres, se presenta en todos los ámbitos socieconómicos, culturales y religiosos, como un remanente histórico del poder del hombre sobre la mujer cuando sus relaciones “se oficializan”. Nadie olvida el poder de vida y muerte del Pater Familia del Imperio Romano, un poderoso fundamento de nuestra cultura, y que está presente en nuestro imaginario porque el Patriarcado, es resistente y se recicla, a pesar de que, el desmonte hace tiempo que ha comenzado lentamente.

Mientras no intervenga la prevención, el desmonte sociocultural, que el Estado sepa que es responsable.

Por: Susi Pola

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