Por Carolina Almonte

Con la revolución tecnológica de las últimas décadas los seres humanos se encuentran expuestos cada vez más a el uso casi imperativo y constante del internet, puesto que los procesos cotidianos giran entorno a la automatización y virtualización. De manera que cada vez que compramos más online y accedemos a diversos servicios a través de la red vamos construyendo una identidad digital.

La construcción de la identidad digital esta inexorablemente atada al empleo de conocimientos y habilidades tecnológicas.

Todos contamos con una identidad personal que no es más que un conjunto de datos que te caracterizan, como son: nombres, apellidos, fecha de nacimiento, genero, estudios, etc, los cuales son usados en el mundo análogo.

La identidad digital, que también se conoce como identidad 2.0, es todo lo que nos identifica en el mundo online.

La identidad digital es lo que somos para los demás en la red o más bien lo que entienden los demás de nosotros por medio de la red. Esta se va construyendo con la participación activa en la web, donde vamos cultivando un perfil online. Cada vez que posteamos una foto en instagram, comentamos en publicaciones, damos likes en Facebook, retweets, actualizamos perfiles en Linked, hacemos una transacción bancaria, accedemos a una página web, usamos un buscador, nos adentramos al ciberespacio y vamos construyendo una identidad digital que habla de quienes somos, que hacemos, lo que nos gusta, etc.

Hemos dado un gran salto a la modernización digital, es por esto que se ha convertido en un proceso habitual el acceder a un servicio online en el que te identificas a través de tu username o E-Mail, y surge la autenticación luego de colocar tu contraseña, siendo este proceso parte de la identidad digital.

Esto es sin duda un gran avance, pero también supone riesgos notables en cuanto a la seguridad de nuestra identidad digital y a la privacidad de nuestros datos personales en la red.

En la identidad digital se pueden vertebrar muchos aspectos de carácter sociológico, cultural e incluso psicológico. A veces esta identidad digital no comparte coherencia con la real, simplemente porque cada cual quiere mostrar lo mejor de sí mismo, con lo que se conoce como self-presentation.

En la fisonomía de la entidad digital convergen muchos aspectos que debemos siempre tener en cuenta: reputación, visibilidad, privacidad, seguridad.

Existen diferentes elementos que forman parte de nuestra configuración de la identidad digital, que se ponen en práctica de manera concurrente, como es el uso de los datos biométricos (huella dactilar, reconocimiento facial, reconocimiento de iris o retina, geometría de la mano), el uso de blog, perfil de red social, teléfonos móviles, mensajerías instantaneas (IM), Canal de video, foros, chats, etc.

De las cosas importantes que debes tener en cuenta si ya tienes identidad digital es saber mantener la seguridad de la misma, navegar por sitios web seguros, cambiar frecuentemente tus contraseñas, verificar las políticas de privacidad en las redes sociales, usa conexiones de Wi-Fi protegidas, actualiza los software de tus equipos tecnológicos, instala un antivirus.

Cada vez que usas el ciberespacio es un rastro que dejas en la red sobre tu identidad digital, siempre debes tener presente las inquietudes de: ¿Qué quieres que se sepa de ti?, ¿Lo que estas haciendo online, puede afectarte negativamente en el futuro?, pensar de esta manera puede evitar que generes escenarios negativos, por tanto siempre piensa en ir construyendo una identidad digital positiva.

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