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Duarte romántico, de carne y hueso, centrado en la patria
El Nuevo Diario
Artículo de Opinión
Cuentan que, una amiga de su madre, doña Manuela Diez, tomó para sí, con paciencia, con amor y calma el trabajo de presentarle las vocales; las primeras sílabas que devinieron en palabras, éstas, a su vez, dieron a luz a las frases y las últimas a las oraciones, que servían para rezar y para trabajar.
Ahí están los versos del joven Juan Pablo, son también elocuentes, son cristales transparentes de los que emerge su figura, para unos frágil, casi etéreo, y para otros, robusta y erguida como el roble.
No debiera extrañar que, Juan Pablo Duarte, ese joven de carne y hueso, querido y amado por familiares, amigos y conocidos, trillara el camino de sus antepasados, aprendiendo el catecismo católico a tierna edad. Lo recita en el plano familiar, cobijado por el amor de padres y hermanos.
La vida de Duarte tiene capítulos hermosos, fue discípulo aventajado del maestro Gaspar Hernández, quien le enseñó al patricio las artes de la filosofía.
Es penoso que, muchos olviden, que además de sacerdote y educador, el cura dominico fue un ideólogo de la independencia nacional, lo que la llevó a educar con este propósito a nuestro padre de la patria.
Tengo ante mí a un dominicano de carne /hueso, de fuego de mar, que amó mujeres, estimado por sus amigos. Tocaban la guitarra, piano y experto en esgrima, como parte de su proyecto independentista.
Pero no se quedaba ahí. Fue el hombre de acción que fundó la Dramática, entidad dedicada al teatro como parte del tinglado orquestal que diera como resultado la sinfónica de la libertad y de la liberación del país.
Es ese romanticismo, centrado en la literatura y el deseo de conocer el mundo, el que lo lleva a leer las obras del genio de la literatura francesa Víctor Hugo, a la sazón, uno de los autores más importantes de la literatura francesa.
Realmente, Duarte era polifacético, sus viajes a los Estados Unidos, Francia e Inglaterra, le permite perfeccionar el inglés, francés y catalán español.
Las letras del himno nacional, de la pluma del poeta Emilio Prud’ Homme, y la partitura musical del maestro José Reyes en 1883 resumen la grandeza de nuestro canto patriótico.
Si alguien no conoce la historia del país, sus cantos de hacha y sus luchas libertarias, los invito a leer la tercera estrofa del himno:
Ningún pueblo ser libre merece
Si es esclavo, indolente y servil;
Si en su pecho la llama no crece
Que templó el heroísmo viril.
Y la última estrofa reza:
¡Libertad! Que los ecos se agiten
Mientras llenos de nobles ansiedad
Nuestros campos de gloria repiten
Libertad! Libertad! Libertad!
Nota:»La Prensa Tras La Verdad.Se reserva el derecho de publicar trabajos de Opinión u otras categorías,con errores de sintaxis/redacción. Como también no somos responsables de los conceptos emitidos por su autor»

