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Por El Fiero del Silencio
En la República Dominicana, cada día son miles los ciudadanos que se levantan temprano para trabajar dignamente, emprender, producir y sostener con esfuerzo la economía nacional. Son hombres y mujeres que pagan impuestos, cumplen con sus responsabilidades y luchan diariamente para sobrevivir en medio del alto costo de la vida. Sin embargo, mientras el pueblo hace sacrificios, el gobierno de Luis Abinader continúa aplicando medidas que terminan golpeando directamente el bolsillo de quienes más aportan al desarrollo del país.
La solución a los problemas económicos nacionales no puede seguir siendo la misma receta de siempre: crear más impuestos, aumentar cargas fiscales y buscar nuevas formas de exprimir al ciudadano productivo. El pueblo dominicano no puede cargar eternamente con el peso de una administración pública que sigue aumentando el gasto, el clientelismo político y el despilfarro estatal.
Resulta indignante observar cómo mientras se habla de “ajustes” y “responsabilidad fiscal”, continúan apareciendo denuncias de privilegios, nóminas infladas, viajes innecesarios, publicidad excesiva y funcionarios viviendo desconectados de la realidad que enfrenta la mayoría de la población. No se puede pedir más sacrificios al pueblo cuando desde el Estado no se da ejemplo de austeridad, transparencia y eficiencia.
Los pequeños comerciantes, emprendedores, transportistas y profesionales independientes son quienes mantienen viva la economía nacional. Cada nuevo impuesto representa menos capacidad para invertir, generar empleos y sostener a sus familias. Seguir castigando al sector productivo solo provoca más desesperanza, informalidad y desconfianza en las instituciones.
La República Dominicana necesita una verdadera transformación económica basada en la reducción del gasto innecesario, el combate firme contra la corrupción y el fortalecimiento de la producción nacional. Antes de pensar en nuevos impuestos, el gobierno debe revisar dónde se están perdiendo los recursos públicos y quiénes se están beneficiando del dinero del pueblo.
Hoy más que nunca, la ciudadanía exige respeto. El pueblo dominicano no puede convertirse en la caja chica de gobiernos que administran sin control mientras las necesidades básicas siguen creciendo. Gobernar no es buscar cómo cobrar más; gobernar es administrar mejor, eliminar privilegios y garantizar que cada peso recaudado se traduzca en bienestar para la población.
Porque al final, no podemos permitir que quienes trabajan dignamente sigan pagando las consecuencias de un sistema donde el despilfarro parece no tener límites.
Nota:» La Prensa Tras La Verdad. Se reserva el derecho de publicar trabajos de Opinión u otras categorías, con errores de sintaxis/redacción. Como también no somos responsables de los conceptos emitidos por su autor.

