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Legislar no es improvisar.

Legislar no es improvisar.
Redacción
  • Publishedjulio 8, 2026
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Por Alexander Grullon Olivence
Uno de los grandes problemas de la democracia dominicana no es únicamente quiénes llegan al Congreso Nacional, sino bajo qué criterios son elegidos. Con muy pocas excepciones, una parte importante de nuestros legisladores carece de la preparación necesaria para cumplir con su principal responsabilidad: hacer leyes.

Ser legislador no consiste en inaugurar obras, repartir ayudas, gestionar empleos o mantener una presencia constante en redes sociales. Su misión esencial es estudiar, debatir y aprobar leyes que respondan a las necesidades del país, respetando la Constitución y los principios de la técnica legislativa. Sin embargo, la realidad demuestra que muchos desconocen incluso los fundamentos básicos del proceso de formación de las leyes.

Lo más preocupante es que esta situación se ha normalizado. El electorado rara vez evalúa la capacidad jurídica, el conocimiento constitucional o la preparación técnica de quienes aspiran a una curul. En cambio, predominan el clientelismo, el dinero, las campañas millonarias y el marketing político. Se premia la popularidad antes que la competencia, la imagen antes que el conocimiento y la promesa fácil antes que la capacidad de legislar.

El resultado es un Congreso que, en demasiadas ocasiones, produce leyes mal estructuradas, con vacíos legales, contradicciones y deficiencias que posteriormente deben ser corregidas o incluso declaradas inconstitucionales. Una legislación de baja calidad tiene consecuencias directas sobre la seguridad jurídica, la inversión, la administración pública y la confianza de la ciudadanía en las instituciones.

Los partidos políticos también tienen una enorme responsabilidad. Con frecuencia priorizan candidatos con capacidad económica o peso electoral por encima de profesionales preparados y con vocación legislativa. Mientras la rentabilidad política siga imponiéndose sobre el mérito, el país continuará pagando el precio de un Congreso que no siempre está a la altura de su misión constitucional.

La democracia no puede reducirse a ganar elecciones; también exige gobernar y legislar con competencia. El voto debe ser un instrumento para elegir representantes capaces, no simplemente figuras conocidas o populares.

La República Dominicana necesita legisladores que entiendan que hacer leyes no es improvisar ni aprender sobre la marcha. Legislar requiere estudio, preparación, criterio y un profundo sentido de responsabilidad con la nación. Mientras el pueblo no exija esas cualidades al momento de votar, seguiremos teniendo un Congreso que refleja más las debilidades de nuestro sistema político que las verdaderas necesidades del país.

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