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Por Tony Salomón
En política se puede debatir sobre ideologías, propuestas y visiones de país, pero existe un terreno donde las opiniones tienen poco espacio: el de los datos. Cuando las cifras son verificables y provienen de fuentes confiables, el discurso político debe responder con argumentos, no con descalificaciones.
El economista Haivanjoe Ng Cortiña, hoy secretario de Asuntos Económicos de Fuerza del Pueblo, ha demostrado que la oposición también puede ejercerse con rigor técnico. Sus análisis sobre el endeudamiento, el costo de la canasta familiar, la inflación y el desempeño de la economía dominicana han estado respaldados por estadísticas y evidencias.
No es casualidad que, cuando un miembro del gabinete presidencial intentó desacreditar sus planteamientos sobre el alto costo de la canasta familiar, el resultado fuera el contrario. La realidad terminó imponiéndose y dejó claro que los datos pesan más que la propaganda.
La diferencia entre un discurso político y un análisis económico radica en que el primero puede apelar a las emociones; el segundo debe responder a los hechos. Esa ha sido la principal fortaleza de Haivanjoe Ng Cortiña: convertir las cifras en el eje central del debate público.
Quien posee argumentos sustentados en evidencias no necesita elevar la voz ni recurrir a ataques personales. Basta con exponer los hechos. Por eso, sus denuncias resultan difíciles de rebatir: porque descansan sobre información verificable y no sobre percepciones.
La República Dominicana necesita recuperar la cultura del debate serio. Un país progresa cuando sus decisiones públicas se fundamentan en el conocimiento, cuando el poder acepta el escrutinio y cuando la oposición ejerce su papel con responsabilidad y solvencia técnica.
Solo cuando la verdad tenga más peso que la propaganda, y los datos más valor que los discursos, estaremos más cerca de la República que imaginaron los padres fundadores.

