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Por: RAMÓN VALDEZ ( CHANGO )
Hay momentos en la vida política en los que resulta necesario hacer una pausa y
comparar gestiones, no desde el fanatismo ni desde las simpatías personales, sino desde
los resultados y la experiencia de quienes han vivido de cerca cada proceso.
En el caso del Consulado Dominicano en Nueva York, considero necesario analizar un
antes y un después de la llegada de Jesús “Chu” Vásquez, particularmente cuando se
compara su gestión con la de Eligio Jáquez.
Debo comenzar haciendo una aclaración: nunca fui simpatizante de la gestión de Eligio
Jáquez mientras estuvo al frente del Consulado. Por el contrario, fui uno de sus críticos
y, en determinados momentos, enfrenté públicamente decisiones que consideraba
perjudiciales para los compañeros del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Sin embargo, ser crítico de una gestión no significa perder la capacidad de reconocer sus
aspectos positivos cuando se hace una comparación.
Y es precisamente ahí donde, desde mi punto de vista, aparece una diferencia
importante: Eligio Jáquez mostró mayor sensibilidad hacia los compañeros del partido y
una mayor disposición a atender sus necesidades, mientras que durante la actual gestión
de Chu Vásquez se ha generado un creciente sentimiento de inconformidad entre
sectores del perremeísmo de Nueva York.
Uno de los puntos que más preocupa a los compañeros es la situación de quienes fueron
desvinculados de sus puestos. Según lo que hemos observado y denunciado, 46
compañeros vinculados al partido fueron cancelados, muchos de ellos personas que
dependían de esos ingresos para sostener a sus familias.A esto se suman las quejas relacionadas con reducciones salariales, dificultades para
acceder a determinados servicios y lo que algunos empleados describen como un
ambiente laboral de presión e incertidumbre.
También preocupa la percepción de que el Consulado ha reducido o cerrado algunas
oficinas y servicios, mientras los usuarios continúan enfrentando dificultades y costos
que consideran elevados. Si una institución pública existe para servir a los ciudadanos,
cualquier cambio que afecte la calidad, rapidez o accesibilidad de sus servicios debe ser
explicado con transparencia.
Pero hay algo que resulta todavía más contradictorio para muchos compañeros: después
de la salida de decenas de miembros del partido, se habla de nuevos nombramientos en
posiciones consulares.
La pregunta que surge es sencilla: ¿cómo se puede justificar la salida de tantos
compañeros mientras, al mismo tiempo, se contemplan nuevos nombramientos?
No se trata de pedir privilegios partidarios. Se trata de exigir coherencia, sensibilidad y
responsabilidad política.
Un compañero que pierde su empleo no pierde solamente un salario. Detrás de ese
puesto hay una familia, una renta, compromisos económicos y, muchas veces, años de
trabajo y sacrificio.
Por eso sostengo que hoy debemos mirar la realidad sin prejuicios.
Si antes fui crítico de Eligio Jáquez y hoy considero que su gestión fue superior en
determinados aspectos, no es por sentimentalismo ni por intereses personales. Es
porque la comparación de las experiencias permite llegar a conclusiones diferentes.
Durante la gestión de Jáquez hubo también errores, decisiones cuestionables y
enfrentamientos políticos. Pero, desde mi perspectiva, existía una mayor preocupación
por mantener el vínculo con los compañeros del partido y atender sus inquietudes.
Hoy, en cambio, existe una percepción de distanciamiento entre el Consulado y una
parte importante de la dirigencia y militancia del PRM en Nueva York.
Y eso debe preocuparnos.
Un gobierno no puede olvidarse de quienes trabajaron para llevarlo al poder. Los
funcionarios pasan, pero el partido, sus militantes y las comunidades permanecen.
Por eso, aunque fui contrario a muchas de las actuaciones de Eligio Jáquez cuando
estuvo en el Consulado, hoy debo reconocer que, frente a la situación que muchos
compañeros dicen estar viviendo actualmente, aquella gestión puede ser vista por
algunos como un verdadero paraíso en comparación con la actual.Mi posición no nace de un cambio de simpatía política. Nace de una comparación.
Y quiero dejar algo claro: quien escribe estas líneas fue uno de los que enfrentó a Eligio
Jáquez cuando entendió que estaba actuando en contra de los intereses de los
perremeístas.
Por tanto, si hoy hago una valoración favorable de algunos aspectos de aquella gestión,
lo hago precisamente porque creo que la crítica debe ser objetiva, venga de donde
venga.
El PRM en Nueva York necesita recuperar la comunicación con sus compañeros, escuchar
sus reclamos y garantizar que las decisiones que se tomen desde el Consulado sean
transparentes, coherentes y sensibles.
Porque al final, más allá de los nombres de los funcionarios, lo que debe importar es el
respeto a los empleados, a los compañeros del partido y, sobre todo, a la comunidad
dominicana que utiliza los servicios consulares.
Ese es el verdadero antes y después.

