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Hay que sincerar la cuenta de género.

Hay que sincerar la cuenta de género.
Redacción
  • Publishedseptiembre 7, 2026
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Participar no es lo mismo que representar .

 

Por Tony Salomón

¿Estamos realmente garantizando la representación de la mujer dominicana o simplemente estamos cumpliendo con un porcentaje?

Esta pregunta merece una discusión seria, porque una democracia que confunde participación con representación puede terminar celebrando cifras mientras mantiene intacta una realidad que necesita ser transformada.

La mujer dominicana no llegó ayer a la vida pública.

Su presencia está escrita en las páginas más importantes de nuestra historia.

Desde la Independencia Nacional, mujeres como María Trinidad Sánchez, Concepción Bona y Juana Saltitopa, entre muchas otras, demostraron que el patriotismo, el valor y el compromiso con la nación no tienen género.

María Trinidad Sánchez entregó su vida por la causa independentista. Concepción Bona estuvo vinculada a la confección de nuestra primera bandera. Juana Saltitopa, conocida como La Coronela, se destacó en las luchas por la defensa de la nación.

Ellas representan apenas algunos nombres de una larga lista de mujeres que, muchas veces desde el anonimato, acompañaron las grandes luchas que hicieron posible la República Dominicana.

Por eso resulta difícil aceptar que todavía tengamos que discutir si la mujer merece ocupar un espacio en la construcción del poder nacional.

Ese espacio se lo ganó hace mucho tiempo.

La mujer dominicana también ha demostrado una extraordinaria capacidad en la administración del hogar. Cuando el presupuesto familiar se reduce y las dificultades económicas aumentan, suele ser ella quien encuentra la manera de hacer rendir cada peso.

Esa capacidad de administrar, resistir y encontrar soluciones también la ha llevado a destacarse en la administración pública, en el sector empresarial, en la educación, en la cultura y en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad.

Hoy la mujer dominicana compite con los hombres en formación académica, preparación profesional, capacidad gerencial y liderazgo.

Está integrada al quehacer político, económico, cultural y empresarial, mientras continúa desempeñando un papel fundamental en la formación y fortalecimiento de la familia.

Entonces, la pregunta vuelve a aparecer:

Si la mujer participa, ¿por qué no está proporcionalmente representada?

Aquí es donde debemos sincerar la cuenta de género.

Porque participación no es representación.

Participar es estar presente.

Representar es tener la posibilidad efectiva de llegar a los espacios donde se toman las decisiones.

Y ahí todavía tenemos una deuda.

No podemos conformarnos con colocar mujeres en las boletas electorales para cumplir con una cuota si posteriormente las condiciones de competencia no permiten que esa participación se convierta en representación real.

La discusión, por tanto, debe ser mucho más profunda.

¿Y si cambiamos las reglas?

Si aceptamos que debe existir un porcentaje determinado de participación femenina, también deberíamos tener la capacidad de discutir mecanismos que garanticen que ese porcentaje se convierta efectivamente en representación.

Una propuesta que puede resultar controversial, pero que merece ser discutida sin prejuicios, es la posibilidad de establecer una boleta electoral exclusivamente para mujeres, donde ellas puedan competir entre sí por los espacios que correspondan a su representación.

¿Es una propuesta perfecta? Probablemente no.

¿Es discutible? Por supuesto.

Pero precisamente por eso debemos discutirla.

La democracia se fortalece cuando las ideas se enfrentan con argumentos y no cuando se descartan simplemente porque resultan incómodas.

Una boleta exclusiva para mujeres no debería entenderse como un regalo ni como una concesión.

Debería concebirse como un mecanismo para convertir participación en representación.

Porque la mujer dominicana no necesita que nadie le regale su capacidad.

La historia demuestra que ha tenido que luchar por cada espacio que ha conquistado.

Lo que corresponde ahora es construir un sistema político donde esa capacidad pueda traducirse en poder de decisión.

Sinceremos, entonces, la cuenta.

No midamos solamente cuántas mujeres participan.

Preguntemos cuántas llegan.

Cuántas deciden.

Cuántas dirigen.

Cuántas gobiernan.

Y, sobre todo, preguntémonos si estamos aprovechando plenamente el talento de más de la mitad de nuestra sociedad.

La mujer dominicana no necesita un espacio por compasión. Necesita que se reconozca el espacio que históricamente se ha ganado.

Es tiempo de pasar de la participación a la representación.

Es tiempo de discutir sin miedo nuevas fórmulas.

Es tiempo de sincerar la cuenta de género.

Porque reconocer a la mujer no es solamente un acto de justicia.

Es una decisión inteligente para el futuro de la República Dominicana.

Es tiempo de respetar y potenciar el espacio de una de las mayores fuerzas de nuestra sociedad:

La mujer dominicana.

 

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