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Omar Fernández: no es un proyecto, es una realidad .

Omar Fernández: no es un proyecto, es una realidad  .
Redacción
  • Publishedseptiembre 18, 2026
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Por Tony Salomón
Todos pueden ver, pero pocos tienen la capacidad de comprender lo que están viendo.

La política dominicana está viviendo una transformación. Los viejos métodos de hacer política comenzaron a ser cuestionados por un electorado que, en mayo de 2020, decidió abrirle espacio a una nueva generación.

Y en ese proceso, Omar Fernández se convirtió en uno de los rostros más visibles de esa evolución.

Su llegada a la Cámara de Diputados no fue simplemente la incorporación de un joven a la política. Fue el primer gran ensayo de una ciudadanía que comenzaba a demandar algo diferente: renovación, cercanía, preparación y una política capaz de convertir las palabras en hechos.

En 2020, el electorado del Distrito Nacional lo eligió como diputado para el período 2020-2024. Cuatro años después, ese mismo electorado volvió a hablar. Esta vez lo llevó al Senado de la República.

Dos elecciones consecutivas. Dos responsabilidades distintas. Una misma voluntad expresada en las urnas.

Y ahí está la diferencia.

La política puede fabricarse en laboratorios de estrategia, en campañas publicitarias o en discursos cuidadosamente elaborados. El liderazgo, en cambio, necesita tiempo para ser probado.

La trayectoria es la que termina colocando cada pieza en su lugar.

Durante sus años en el Congreso, Omar Fernández ha construido una presencia política sustentada en iniciativas, posiciones públicas y contacto permanente con los ciudadanos. Sus hechos han buscado darle contenido a sus discursos.

Por eso su crecimiento no puede analizarse solamente desde la edad. La juventud puede abrir una puerta, pero es la trayectoria la que determina cuánto tiempo permanece abierta.

El fenómeno político que representa Omar Fernández tampoco puede explicarse únicamente como una herencia familiar. Esa interpretación resulta insuficiente frente a una realidad mucho más concreta: los electores han tenido la oportunidad de evaluarlo y han vuelto a depositar en él su representación.

Ahí está el dato político que no admite interpretación subjetiva.

Omar Fernández pasó de la Cámara de Diputados al Senado con el respaldo de los electores del Distrito Nacional. Y esa transición constituye, por sí misma, una expresión de crecimiento político.

La política dominicana está cambiando. Los electores ya no necesariamente responden a los códigos tradicionales. Observan, comparan, evalúan y luego deciden.

Algunos todavía miran el fenómeno; otros ya comenzaron a comprenderlo.

Omar Fernández no es un proyecto esperando convertirse en realidad.

Es una realidad política en pleno proceso de construcción.

Y en política, cuando una trayectoria comienza a hablar más fuerte que cualquier discurso, ignorarla puede convertirse en el mayor error de quienes todavía no han entendido que los tiempos están cambiando.

 

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