¿Por qué no despega el proyecto presidencial de Raquel Peña?.
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La vicepresidenta posee experiencia de Estado y reconocimiento público, pero su eventual candidatura todavía carece de definición política, presencia territorial y un relato propio dentro del PRM.
Santo Domingo.– Ocupar la Vicepresidencia de la República garantiza visibilidad, pero no convierte automáticamente a nadie en candidato presidencial. Esa parece ser la principal dificultad que enfrenta Raquel Peña, una funcionaria con trayectoria académica, empresarial y pública, cuyo proyecto rumbo a 2028 todavía no logra transformarse en una corriente política nacional.
La encuesta RD Elige correspondiente a septiembre de 2026 colocó a Peña con un 5.3 % entre los simpatizantes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), detrás de David Collado, Carolina Mejía y Guido Gómez Mazara. Entre la población general obtuvo un 2.5 %. Una encuesta no constituye una sentencia definitiva, pero sí ofrece una fotografía del momento: el nombre de la vicepresidenta es conocido, aunque ese conocimiento no se está convirtiendo en preferencia electoral. (rccnoticias.com.do)
El primer obstáculo es la indefinición. Peña ha dado señales de aspiración y en marzo de 2025 reconoció que subir las escalinatas del Palacio Nacional como presidenta era uno de sus sueños. Sin embargo, su proyecto no ha sido presentado mediante un lanzamiento contundente, acompañado de una hoja de ruta, un mensaje central y una estructura política visible. (diariolibre.com)
El 29 de septiembre de 2026, su equipo confirmó que continuará trabajando y anunció futuros recorridos por el país. No obstante, también se informó que la vicepresidenta todavía no había realizado una proclamación pública inequívoca de su candidatura. Además, durante septiembre circularon versiones sobre una posible retirada del proyecto. (diariolibre.com)
En política, la ambigüedad prolongada tiene un costo. Los dirigentes medios, alcaldes, legisladores y líderes comunitarios difícilmente se comprometen con un proyecto cuando no saben si llegará hasta el final. Aunque su equipo haya desmentido cualquier retirada, la incertidumbre puede frenar adhesiones y provocar que importantes estructuras busquen espacio en otras candidaturas.
El segundo desafío es territorial. La propia dirigencia de su proyecto admitió que hasta ahora se había concentrado en organizar la estructura y que apenas comenzaría una etapa de recorridos y encuentros con las bases. Esa decisión puede ayudarla, pero también revela que otros aspirantes llevan ventaja en una competencia que ya se desarrolla en municipios, provincias y organismos partidarios. (diariolibre.com)
Raquel Peña tiene un importante punto de apoyo en Santiago y el Cibao, donde construyó su trayectoria académica y empresarial. Sin embargo, una candidatura presidencial necesita extender esa conexión al Gran Santo Domingo, el Sur, el Este y la diáspora. No basta con encabezar actividades oficiales: hace falta escuchar a la militancia, sumar liderazgos locales y convertir el respeto institucional en identificación política.
La tercera dificultad es de narrativa. Durante su gestión, la vicepresidenta ha asumido responsabilidades relevantes en áreas como salud, promoción de inversiones y educación. Ese perfil proyecta seriedad, preparación y capacidad administrativa. Sin embargo, todavía no está claro qué representa su proyecto como propuesta de futuro ni cuál sería la gran causa nacional que movilizaría a los votantes alrededor de su nombre. (diariolibre.com, vicepresidencia.gob.do)
Ahí aparece una paradoja: la prudencia que fortalece su imagen institucional puede limitar su posicionamiento electoral. Como vicepresidenta debe preservar la unidad del Gobierno, acompañar al presidente Luis Abinader y evitar que sus actividades oficiales parezcan actos de campaña. Pero como aspirante necesita diferenciarse, presentar una visión propia y generar entusiasmo. Permanecer demasiado tiempo entre ambos papeles puede impedir que la ciudadanía la vea como una opción presidencial real.
También enfrenta una competencia interna que ha ocupado buena parte del espacio político. David Collado y Carolina Mejía aparecen con mayor fuerza en distintas mediciones y concentran el debate principal dentro del oficialismo.
RD Elige otorgó a Collado un 66.5 % y a Mejía un 18.5 % entre simpatizantes del PRM. Otra encuesta, difundida por IDEAME, presentó una competencia mucho más cerrada entre ambos, pero volvió a colocar a Peña en un nivel bajo. Aunque sus metodologías y resultados son diferentes, las dos mediciones coinciden en que la vicepresidenta todavía no forma parte del duelo principal por la nominación. (rccnoticias.com.do, 7dias.com.do)
Su limitado avance tampoco puede explicarse únicamente por las barreras que históricamente han enfrentado las mujeres en la política. Esas barreras existen, pero Carolina Mejía ocupa una posición competitiva en las mismas mediciones. En el caso de Peña pesan, además, la falta de una definición firme, el retraso en el despliegue territorial y la ausencia de un mensaje electoral diferenciador.
Esto no significa que su proyecto esté condenado. Peña cuenta con activos importantes: experiencia de gobierno, vínculos con los sectores productivos, raíces en el Cibao, una imagen sobria y la posibilidad de presentarse como una figura capaz de garantizar continuidad con renovación. Pero para crecer deberá pasar de la expectativa a la acción.
Necesita comunicar con claridad si buscará la candidatura, presentar un equipo político reconocible, recorrer sistemáticamente el territorio, construir alianzas dentro del PRM y convertir su gestión en una propuesta comprensible para la población. Sobre todo, debe explicar por qué quiere ser presidenta y qué haría de manera diferente para responder a los problemas cotidianos del país.
El proyecto presidencial de Raquel Peña no avanza al ritmo esperado porque hasta ahora parece más una posibilidad institucional que una candidatura plenamente asumida. Su reto no es demostrar que posee preparación para gobernar; su trayectoria ya le concede argumentos en ese terreno. El verdadero desafío es transformar capacidad en liderazgo político, reconocimiento en respaldo y prudencia en una visión capaz de movilizar.
En definitiva, el poder puede prestar visibilidad, pero el voto exige identidad. Y esa identidad presidencial es la tarea que Raquel Peña todavía tiene pendiente.

