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_Por: Junior Solano_
*Santo Domingo, D.N.* – Es común escuchar en cada proceso electoral promesas que superan por mucho las competencias reales de un regidor. Ante esa realidad, es necesario aclarar con honestidad y responsabilidad cuál es el verdadero alcance del trabajo de un concejal municipal.
La respuesta es no. Un regidor no puede resolver personalmente todos los problemas de un barrio. Y es importante que la ciudadanía lo comprenda, no como una excusa, sino como un ejercicio de transparencia.
De acuerdo con la *Ley 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios*, el ayuntamiento tiene dos órganos fundamentales: la Alcaldía, que es el órgano ejecutivo y quien administra los servicios y ejecuta las obras; y el Concejo de Regidores, que es el órgano normativo, de reglamentación y de fiscalización.
Un regidor no es quien ejecuta directamente todas las obras, no es quien administra cada servicio del ayuntamiento, no es quien nombra personal ni quien maneja presupuesto de forma directa. Su responsabilidad legal y política es otra, y es igualmente vital para la democracia local:
*1. Representar a la comunidad:* Ser la voz de los sectores en el Concejo. Llevar las necesidades reales de cada barrio, de cada junta de vecinos, de cada ciudadano.
*2. Proponer soluciones:* A través de iniciativas, proyectos de resolución y ordenanzas municipales que den respuesta a los problemas colectivos.
*3. Normar:* Impulsar normas municipales que organicen la vida de la ciudad y garanticen derechos.
*4. Fiscalizar:* Vigilar y supervisar que la gestión de los recursos públicos se haga con transparencia, eficiencia y apegada a la ley, como establece el artículo 52 de la Ley 176-07.
Esto no significa, bajo ninguna circunstancia, que un regidor deba permanecer indiferente ante las necesidades de la gente. Por el contrario, ahí es donde se mide su calidad humana y su compromiso.
Un buen regidor debe escuchar en el territorio, no solo en la oficina. Debe gestionar ante las direcciones competentes del ayuntamiento y del gobierno central. Debe dar seguimiento constante a cada caso y procurar que las instituciones competentes respondan a los problemas de los sectores. Debe ser puente, no muro.
La política municipal necesita menos promesas imposibles y más trabajo posible. La ciudadanía está cansada de que le prometan que un solo hombre resolverá el drenaje, la basura, el asfaltado y el empleo. Eso no es honesto.
Un buen regidor no promete resolverlo todo; se compromete a trabajar para que los problemas sean escuchados, atendidos y solucionados dentro de sus competencias legales. Se compromete a estar presente, a rendir cuentas, a fiscalizar y a no abandonar al barrio después de las elecciones.
Ese es el compromiso que asumimos: *Trabajo, Cercanía y Compromiso.*

