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NACIONALISMO Y FANATISMO.

NACIONALISMO Y FANATISMO.
Redacción
  • Publishedoctubre 15, 2026
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Por Miguel SOLANO

El detonante: el deporte como espejo de la herida

El texto de Miguel SOLANO, Países y fanáticos, arranca con un hecho concreto: la derrota del equipo dominicano ante Haití en territorio dominicano. Para Solano, ese partido no fue solo un partido: fue la chispa que encendió todo un depósito de resentimientos acumulados durante décadas, pero que no es un fenómeno esclusivo entre fanáticos haitianos y dominicanos sino que se da entre todos los fanáticos del mundo.

Cuando el ministro de Deportes reacciona suspendiendo juegos en los estadios nacionales, no responde a un hecho deportivo: responde a una herida nacionalista. No se trata de disciplina deportiva; se trata de orgullo herido. Y en esa reacción, el vecino deja de ser vecino para convertirse en el intruso, el enemigo, el que no debe ganar.

La construcción histórica del «otro»

Solano nos muestra que el fanatismo que estalla en el estadio tiene raíces profundas:

La frontera como cicatriz: La línea que divide la isla no es solo geográfica; es simbólica. Durante generaciones se ha enseñado a ver al otro lado como lo diferente, lo amenazante, lo ajeno.

El nacionalismo como escudo: En República Dominicana, el discurso patriótico ha tendido a definirse en contra de Haití: lo que somos es lo que no es Haití. La identidad nacional se construye por negación, no por afirmación.

El peligroso atajo político: Como señala con nombre propio —el senador Omar Fernández—, hay figuras públicas que encuentran en ese prejuicio histórico el camino más fácil para ganar adeptos: no necesitan mostrar logros, basta con avivar el miedo y el rechazo hacia lo haitiano.

«Tratar de ganarse adeptos con discursos de odio es siempre el recurso de los estúpidos» — y en este contexto, el odio dirigido al vecino tiene una eficacia desproporcionada, porque ya lleva mucho tiempo sembrada en la tierra.

La contradicción central: la isla que no se divide

Aquí es donde la visión de Soberanía: Libreto para estúpidos ilumina la realidad dominicana:

La Tierra viaja sin saber de fronteras; la isla es una sola geografía, un solo suelo, compartido, un espacio imaginado del Mundo.

Sin embargo, el «libreto» enseña que somos dos mundos separados, que uno es superior al otro, que la victoria del vecino es nuestra derrota.

El fanatismo nacionalista niega la propia realidad: compartimos la misma isla, el mismo clima, la misma historia colonial. La enemistad es artificial, impuesta, repetida sin pensar.

Lo verdaderamente estúpido, dice Solano, es creer que cerrando los estadios o gritando más fuerte se borra la vecindad. La isla no se puede mudar. Estamos juntos, queramos o no. Y la soberanía real no se demuestra echando al otro, sino conviviendo con él con dignidad y ley.

Tres caras del prejuicio en la obra: Un Texto que revela sobre la relación RD–Haití ,
Países y fanáticos.

El fanatismo deportivo desnuda lo que está debajo: el orgullo herido se convierte en venganza política. La derrota en el campo se castiga cerrando las puertas.

Soberanía Las fronteras son líneas dibujadas por humanos; la isla no reconoce esas divisiones, la naturaleza no lo hace. Creer que «nuestro» lado es todo lo que importa es una ilusión tan grande como creer que la Tierra no se mueve.

Responsabilidad social: No se debe defender ciegamente «lo nuestro», solo porque es nuestro. Si lo que hacemos es injusto, no merece defensa. La lealtad no puede estar por encima de la justicia.

Poeta y el tiempo: Las rencillas pasan. Las naciones cambian. Lo que hoy parece una ofensa imperdonable, dentro de poco será solo un recuerdo. Vivir atrapados en el rencor es perder la dimensión del tiempo.

La propuesta de Solano: convivencia, no supremacía:

Frente a la reacción instintiva de cerrar, prohibir y odiar, el autor plantea un camino distinto:

Cumplir la ley y los protocolos: No actuar por rabia, sino por norma. Si hay problemas, se estudian, se aplican reglas, se da respuesta fundamentada —no caprichosa.

Responsabilizar, no castigar a todos: Su propuesta del seguro reembolsable aplica perfectamente aquí: que pague quien daña, no todo un pueblo ni todo un equipo. No confundir a los fanáticos con la nación vecina.

Distinguir crítica de odio: Se puede discrepar, exigir, reclamar; pero no es lo mismo señalar un problema que demonizar a un pueblo entero. El nacionalismo tóxico confunde la crítica con la enemistad eterna.

Reconocer la condición insular: Compartimos un espacio finito, vamos hacia lo infinito. La soberanía real no es excluir, es convivir con inteligencia. El que cree que se fortalece aislando, se debilita.

CONCLUSIÓN: EL ESPEJO Y EL VECINO

Para SOLANO, la relación entre República Dominicana y Haití ha sido secuestrada por el nacionalismo fanático, por el capital pro esclavista:

Hemos convertido al vecino en nuestro espejo deformado: vemos en él todo lo que rechazamos, todo lo que tememos, todo lo que nos negamos a reconocer. Lo culpamos de nuestras frustraciones, lo usamos para unirnos contra algo, y llamamos «patriotismo» a lo que no es más que miedo y rechazo.

La victoria de Haití en un partido no fue una derrota dominicana; fue un resultado deportivo. Que se haya convertido en crisis nacional revela cuánto hemos olvidado pensar por nosotros mismos y cuánto hemos aprendido a odiar al que vive al lado, al que muestra mejores cualidades deportivas.

La verdadera soberanía, la que no está en ningún libreto, consistiría en mirar al vecino y decir: somos diferentes, vivimos en la misma isla, y podemos competir, jugar y discutir sin confundir el partido con la vida.

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