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Por: Ángel Ruiz-Bazán
Cuba enfrenta una difícil situación como consecuencia del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos hace más de seis décadas, agravado ahora por las restricciones que afectan el suministro de combustible y profundizan la crisis energética del archipielado.
Este cerco energético repercute directamente en la vida cotidiana de millones de cubanos. Los apagones prolongados, las dificultades para transportar alimentos, las limitaciones en los servicios esenciales y los obstáculos para mantener en funcionamiento hospitales y centros de producción evidencian el impacto de una política que trasciende las diferencias entre Gobiernos y termina afectando a toda una población.
El combustible es indispensable para el funcionamiento de cualquier sociedad. Restringir su acceso significa dificultar el transporte, la producción de alimentos, el abastecimiento de agua y la prestación de servicios fundamentales. Por eso, las consecuencias de estas medidas no pueden analizarse únicamente desde la perspectiva política: es necesario considerar, ante todo, el sufrimiento humano que pueden ocasionar.
Ningún pueblo debería ser sometido a una presión económica prolongada que comprometa sus condiciones de vida. Las diferencias entre Estados Unidos y Cuba deben resolverse mediante el diálogo, la diplomacia y el respeto mutuo, no mediante medidas que agraven las dificultades de la población.
Cuba tiene derecho a su independencia, a su soberanía y a establecer relaciones comerciales con otras naciones sin verse sometida a restricciones que limiten sus posibilidades de desarrollo.
Después de más de seis décadas, es necesario abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre ambos países. El levantamiento del bloqueo y el cese de las restricciones que obstaculizan el abastecimiento energético constituirían pasos esenciales para aliviar las dificultades que enfrenta el pueblo cubano.
¡Que cese el bloqueo! ¡Que termine el cerco energético! ¡Que se respete la independencia de Cuba y el derecho de su pueblo a vivir con dignidad!
La paz y el entendimiento deben prevalecer sobre las sanciones y la confrontación. Ninguna diferencia política puede justificar que millones de personas continúen soportando las consecuencias de un conflicto que necesita, de una vez por todas, una solución justa y duradera.

