Por Luis Pérez Casanova

Siempre se ha especulado sobre una profunda diferencia entre el profesor Juan Bosch y el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó en torno a los acontecimientos de abril de 1965. En principio se decía que Caamaño Deñó estaba molesto porque Bosch, que estaba en Puerto Rico, no acababa de regresar para liderar la revuelta que estalló el día 24. Después porque el exmandatario le había pedido que depusiera las armas para evitar un baño de sangre porque no había manera de derrotar a las tropas norteamericanas.

Al margen de cualquier diferencia estratégica la verdad es que ninguna de las versiones está documentada, pero tampoco respaldada por el curso de los acontecimientos. Bosch, según recogen periodistas e historiadores norteamericanos mantenía permanente contacto telefónico con el coronel Caamaño. E incluso cuando el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez logra retornar al país el 5 de mayo de 1965 en un avión en que viajaba una misión norteamericana lo hace para transmitirle al líder constitucionalista un acuerdo a que se había llegado para poner fin a la contienda.

El acuerdo, con el que se dice que Caamaño estuvo de acuerdo, consistía en excluir el retorno de Bosch al poder y elegir a don Antonio Guzmán como presidente provisional en lo que se celebraban nuevas elecciones. Pero ocurrió que Guzmán, que había sido ministro de Agricultura del Gobierno Bosch, rechazó la propuesta porque él no iba a encarcelar ni perseguir a izquierdistas.

El arreglo se alcanzó después de varias sesiones en las que intervinieron el exembajador de Estados Unidos, John B. Martin; el abogado y amigo del presidente Lindon B. Johnson, Abe Fortas; el subsecretario Thomas Mann, el gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, y el rector de la Universidad de Río Piedras, Jaime Benítez.

Una vez en el país, Fernández Domínguez se puso al servicio de Caamaño e incluso cuando el suicida asalto al Palacio Nacional, donde cayò abatido, le había dicho al líder de la contienda que afrontaría cualquier riesgo porque él había venido a pelear por la democracia y no a oxidarse.

Pero de manera deliberada o no se ha mal interpretado el mensaje de Bosch a Caamaño. No rendirse con el rabo entre las piernas no era lo que pedía a los constitucionalistas, sino iniciar un proceso de negociación, que incluía la desarticulación del Gobierno de Reconstrucción Nacional, de Antonio Imbert Barreras, para retomar el sendero de la gobernabilidad.

El supuesto disgusto de Caamaño con Bosch no es más que otro ingrediente o parte de las tergiversaciones que todavía rodean un acontecimiento ocurrido hace apenas 56 años en que, eso sí, cada quien, como dice la canción, cuenta el cuento a su manera.

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