Bruno Rosario Candelier y la ADL.

Por Miguel SOLANO

Pensar es la abeja más bella que tiene el Universo y sus aletazos no son amor de ayer. Cuando pensamos mal empezamos a juzgar mal y en consecuencia dejamos de amarnos.

Bruno Rosario Candelier, el actual director de la Academia Dominicana de la Lengua y yo no tenemos la más mínima afinidad política, no tenemos la más mínima afinidad religiosa y no tenemos la más mínima afinidad filosófica, pero en materia de la Lengua, en el conocimiento de la gramática y en el manejo de las normativas, yo adoro a ese Maestro.

Si alguien quiere competir con don BRC por el puesto de director de la Academia, es en el campo de la conciencia de la lengua que tiene que demostrar sus habilidades. No creo que en nuestra América haya un académico, uno solo, que supere, en materia de conocimientos lingüísticos , a don BRC.

Sé que en República Dominicana la ambición es una enfermedad carcelaria y que sin importar el nivel académico, cuando se trata de querer el puesto, las capacidades y los méritos propios no son los elementos que impulsan las necesidades de transformación democrática. Ningún académico posee la suficiente capacidad de maldad para introducir las diatribas en la ADL. Y si tú estas en eso, y si tú no entiendes que una entidad científica sólo se critica dentro de la rigurosidad de sus propios métodos ; aún así, yo puedo decirte :»¡… Muy cruel es pensar que en tu alma no anida un cariño ¡»

El tiempo.

Basar la crítica a don BRC en que tiene mucho tiempo manejando la ADL, carece de todo valor porque la Academia es una entidad científica y el mérito de este tipo de institución es usar hasta la última gota de sangre de sus buenos docentes. Y siempre es el académico quien reconoce la naturaleza de su estructura biológica y dice : «Yo no puedo más». Es muy legítimo y yo reconozco el valor que tenga cualquier reclamo para que la metodología científica y su aplicación democrática sea rigurosamente observada.

¿Dónde debería?

Al mundo académico. Las críticas, que deben ser duras y rigurosas, deben ir al mundo académico. Se debe demostrar qué no sirve del Diccionario del español dominicano, qué no sirve del Diccionario fraseologico del español dominicano, qué no sirve del Diccionario de refranes, del Diccionario de símbolos y del Diccionario de mística. La crítica debe demostrar cómo la gestión de don BRC ha sido deficiente en los trabajos dentro de la Asociación de Academias, demostrar cómo la ADL ha sido deficiente en su relación con la Academia Madre, la Real Academia Española… Cuando se conoce la retórica es fácil sustituir los hechos por palabras.

La vocación de BRC.

Don BRC, iluminado por la divina conciencia, se sentó a pensar como lo hacen los grandes Maestros y creo el Movimiento Interiorista, del que soy Signatario y Dignatario. El florecimiento del Interiorismo tiene como base los méritos vocacionales que le permitieron construir una teoría literaria que tiene validez universal. Y hubiese sido exitosa aunque don BRC nunca hubiese alcanzado el puesto de director de la ADL porque el interiorismo es su vocación humana, su anhelo al servicio de los vivos espíritus. Las vocaciones son las más altas palpitaciones que alcanzan los seres humanos y aquel que tiene la dicha de encontrar la suya entra en el libro de los elegidos.

Las elecciones en la ADL.

Siempre nos enfrentaremos al dilema de tener que controlar la amenaza humana, su ambiente lleno de idiotas maldades. Los procesos electorales de la ADL no pueden llevarse a cabo siguiendo la metodología de un perrede cualquiera. Andar visitando académicos para recabar votos es un acto denigrante. Ningún académico puede ser actor en esa tragedia. Si asumimos que es necesario tratar a un académico como a un votante de la plebe, al que hay que llevarle pan y salchichón, nos estamos pudriendo. Ningún académico debería recurrir a semejante y quien lo hace termina no trayendo cosas buenas. Como MC,yo no tengo el poder del voto, pero si lo tuviese y un académico viene a mi casa a pedirme mi voto, lo voto como a una hiena. Entonces, es necesario que se cree un método electivo basado, únicamente en lo académico y que se prohíba toda existencia grupal. Y yo no voy a beber.

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