Por JUAN T H

El presidente Luís Abinader está en riesgo desde que llegó al Palacio Nacional dispuesto a cumplir sus promesas de campaña, sobre todo las relativas a terminar con el flagelo de la corrupción que tanto daño le hace al país impidiendo que una buena parte del dinero del Presupuesto Nacional (entre en 3 y el 4% del PIB) se  lo lleven los funcionarios en complicidad con empresarios, que nunca están al margen.

Acabar con la corrupción no será fácil, pero el presidente  tiene la firme voluntad de enfrentarla hasta las últimas consecuencias, como ha dicho. Es por eso que designó a Mirian Germán, Procuradora General de la República, sin compromisos con  grupos  económicos, políticos y sociales. Su único compromiso es con la justicia. Y que caiga el que tenga que caer, llámese como se llame, si cometió algún delito.

No sólo designó a la magistrada Germán junto con Yeni Berenice, también colocó en Compras y Contrataciones a Carlos Pimentel,  a doña Milagros Ortiz Bosch, José Rijo, Miguel Ceara Hatton, Antonio Almonte,  Antoliano Peralta, Díaz Morfa, Luis Soto, Cesar Cedeño, Limber Cruz, Leonardo Faña y Fernando Duran, entre otros, que no le pueden fallar al presidente, ni al pueblo. (Raquel Peña, vicepresidenta, desconocida en el mundo político hasta hace meses, ha resultado una muy agradable sorpresa para el país)

En las “altas cortes” habrá cambios, al igual que en las Fuerzas Armadas, la Policía y los organismos de seguridad del Estado. El presidente revolucionará el Estado, no sólo lo saneará.

Debemos entender, no obstante, que Luís Abinader no es  un  izquierdista, no bajó de la “Sierra”, ni de las “escarpadas montañas”; no estuvo en Ciudad Nueva en Abril del 65, por el contrario, es un demócrata conservador, pero posee valores éticos y morales que no puede traicionar. Su formación familiar, profesional y política lo ata. Es un hombre de este tiempo, con apenas 53 años.  Sabe que tiene un compromiso con su familia, con pueblo y con la historia. Quiere un país de este tiempo, moderno, con un Estado burgués que funcione, con instituciones fuertes y  una Constitución robusta, pétrea para la creación de un Estado democrático de derecho. Y todo sin tirar un tiro, sin una revolución sangrienta. Es “mucho con demasiado” para un país como el nuestro acostumbrado al clientelismo, el paternalismo y la corrupción rampante, en la que todos participamos de un modo o de otro.

El gobierno de Juan Bosch duró seis meses, el de Ulises Francisco Espaillat, cinco meses. Francisco Alberto Caamaño fue presidente Constitucional del 4 de mayo al 3 de septiembre de 1965. Tenía 32 años. (Parece una constante histórica)

Hay mucha gente molesta con las acciones que está llevando a cabo el presidente Abinader, gente asustada porque sus privilegios terminarán, otros porque saben que serán sometidos a la justicia  y sus bienes incautados. No se suicidarán, lucharán y tratarán de terminar con la amenaza. La decisión de poner en retiro a más de 60 oficiales superiores entre generales y coroneles, no la había tomado nadie. Y faltan más. El PLD lo corrompió todo, incluso a las Fuerzas Armadas y la Policía. Muchos guardias y policías de altos rangos se enriquecieron junto con los políticos. Formaron asociaciones de malhechores. Acumularon fortunas y poder como sus socios del PLD. Lógicamente no están felices, están temerosos. Muchos temen ser pedidos en extradición por Estados Unidos. Nadie los protegerá, si ocurriese.

Algunos grupos descontentos  han estado reuniéndose con fines inconfesables. La sedición es un delito. Luis es un presidente Constitucional; lo eligió el pueblo y el pueblo debe defenderlo. La seguridad del mandatario tiene que ser redoblada. Quienes lo cuidan tienen que estar “mosca” para que nada le suceda. La conspiración está en marcha desde la llegada del PRM al poder.

El presidente quiere sanear el Estado, lo que significa crear otro con nuevas prácticas, limpias y transparentes, otra Constitución, otro Congreso, otra Justicia. Otros valores. Hacerlo tiene sus riesgos. Todos debemos asumirlos en esa tarea. Los dominicanos y dominicanas de buena voluntad, lo que queremos un mejor país, debemos estar a su lado. Yo lo estoy sin perder el sentido crítico, tan necesario cuando se quiere que las cosas marchen bien.

PD: a los conspiradores les estamos dando seguimiento.

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