Para Xiomara Guzmán, en su día de Ser.

Por Miguel SOLANO

Nunca pudo librarse de esa Eva que había parido a Caín. El rabino David Unterman siempre le pareció fascinante que Pentateuco significará “cinco rollos”, del griego pénte, “cinco”, y teuchos, “rollos”. Aunque está formado por los cinco primeros libros del Antiguo Testamento y podía tomar cualquier rollo y estudiarlo siempre iniciaba con el Génesis: libro de los orígenes.

Los libros del Pentateuco no tenían derechos de autor y cualquier poeta podía introducir cambios en los rollos. Cada vez que llegaba a su casa la discusión con su mujer era la misma o muy parecida. Creía ver en la Eva, madre del tonto Abel, algún alimento de la tierra, el aire, el fuego y la lluvia, pero en la Eva madre de Caín no

veía presencia divina.

—Mañana lo haré. A partir de mañana Eva será otra, será la voluntad de un inmortal, será el canto eterno de un deseo, no de una acción. Voy a introducir una historia romántica al estilo de la guerra de Troya.

Para desgracia de Unterman su mujer llevaba el nombre de Origen y cuando le ponía la sopa en la mesa, sólo le comentaba.

— No puedes contener tus deseos de cambiarme. Yo no soy griega. Metete en los pelos de tu barba que yo soy babilonica, de la tribu gitana descendiente de ABRAHAM. Si no me querías para qué te encausaste conmigo.

—Pero mujer no se trata de ti. El Cosmo es un orden. Todo está lleno de dioses. Las profecías de Elías tienen más de 500 años de cambios. Cada vez que un rabino tiene una nueva experiencia la escribe en el rollo y eso pasa a ser parte del libro de Elías.

—Muéstrame una profecía donde los poetas cambien a Eva y la historia me vanaglorie.

Unterman pensó decirle «y toda mi vida seré esclavo de esta sopa», pero el cuerpo del silencio arropó su mirada.

Origen que entendió su impotencia le comentó:

—Nuestro hijo, el gran Kilon Unterman, como cada, no vino anoche.

—No preocupes tu Ser que mañana vendrá el cobrador.

Y tenía toda la razón. Kilon era un banquete. Dormía de día y él y su perro parrandiaban de noche. Sus camaradas habían estructurado una cofradía en la que cada quien debía aportar los costos de las parrandas. Pero como eran feligreses que entendían que el mundo debía ser un exceso de alegría, el «con el sudor de tu frente comerás tu pan», no había entrado en su agenda. A Kilon le tocaba resolver el dilema del hambre y siempre fue muy diligente en su misión. Kilon fue el inventor de la famosa frase: «¡Pa’ que falte que sobre!» Los propietarios de las gallinas, los conejos y los víveres sabiendo del prestigio del rabino se presentaban con factura en las manos y el rabioso, cabeza abajo y en silencio las pagaba.

Ese día, cuando llegó a su casa estaba vendiendo enojo. Su Origen al verlo casi llora.

— No puedo más, Origen, no puedo mas. Anoche Kilon robo como para que comieran veinte.

—Ay rabino, por estar mirando las estrellas no ve dónde está poniendo tus pies: ¡SIEMPRE cae al hoyo!

A Unterman la frase le pareció intrigante pero no aceptó en su memoria el discurso del contenido.

—Mujer, calientame la cabeza.

—Tú siempre hablas de cambiar los rollos, pues redefine lo que es ser ladrón y publica una definición que te beneficie y te proteja.

Unterman se paró de la silla impulsado por una fuerza interior que sintió venida del Cielo:
— Es grande Yahveh. ¡Por supuesto! A partir de ahora se considerará a quien robe para comer un hambriento, no un Ladrón.

El rabino se llenó de alegría al saber que jamás tendría que pagar una gallina, un conejo o un saco de víveres. Empezó a imaginar el verso y lo vio en su memoria cuando quedó consagrado en las santas escrituras.

Y como testimonio de la Lengua del Universo, en Proverbios 6:30 Dios verso por y para siempre :

—No se desprecia al ladrón si roba para saciarse cuando tiene hambre.

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