Gobierno ascendió al poder por circunstancias que no entiende y nueva estrategia carece de lógica.

Danilo Cruz Pichardo

danilocruzpichardo@gmail.com

 

     El Partido de la Liberación Dominicana que lideró Juan Bosch fue una organización de cuadros, círculos de estudios, ideología y principios éticos. El proceso de descomposición inició con la muerte de Balaguer y la masiva mudanza de reformistas hacia el peledeísmo, pasando a ser una entidad de derecha y extremadamente corrupta.

     Esa transformación parece haber beneficiado en término electoral al partido de la bandera morada y la estrella amarilla, pues históricamente el pueblo dominicano ha sido conservador y con el paso de los años los valores éticos cada vez están más ausentes, por lo que hubo sintonía entre las características del PLD y la sociedad, lo que explica su permanencia en el poder durante 20 años, 16 de forma consecutiva.

     Pudo haber durado más tiempo al frente del Estado, pues todavía antes del 6 de octubre del 2019, fecha de las primarias peledeístas, todas las encuestas de opinión (hablo de firmas serias y que hacen estudios que cumplen con el rigor científico) lo señalaban como favorito para retener el poder en la contienda comicial del año 2020. El PLD se quedaba en el poder con Leonel o con cualquier otro. Fue un error no buscar un entendimiento.

     Con la salida del expresidente Leonel Fernández el PLD se dividió y empezó a registrar caída en los porcentajes,  lo que parecía no preocupar a Danilo Medina, quien lucía confiado en un eventual éxito electoral basado en el uso y abuso de los recursos públicos, los repartos y el fraude electoral.

     A pesar de  Gonzalo Castillo resultar ser un candidato malo, Luis Abinader apenas lo superaba por cuatro y cinco puntos, diferencia insignificante y manejable para los estrategas del pasado Gobierno, considerando los planes que había en agenda, los cuales siempre dieron buenos resultados en certámenes anteriores.

     El segundo error del PLD  –error muy costoso— consistió en el burdo sabotaje del torneo municipal del 16 de febrero de 2020, lo que obligó a la suspensión del proceso por parte de una JCE que, si bien mostraba inclinación hacia el oficialismo, algunos de sus miembros decidieron no cargar con un “muerto tan pesado”.

     El sabotaje y la suspensión de las elecciones municipales trajeron como consecuencia el levantamiento de la población, sobre todo de la juventud dominicana, que durante días se apostó en la Plaza de la Bandera en expresión de protesta contra la Junta Central Electoral. A esa protesta de los jóvenes de la bandera se le sumaron los cacerolazos en todos los residenciales y barrios del Gran Santo Domingo y de los municipios del país, pasando el PLD y el gobierno a la defensiva.

     Fue a partir de ese momento que las encuestas reales empezaron a otorgar  mayoría absoluta al candidato del PRM y fuerzas aliadas, lo que lleva a sostener la tesis –tesis bien sustentada–  que Luis Abinader no ganó, sencillamente el PLD perdió por los errores cometidos, que no es lo mismo ni es igual, pero que desde el Gobierno no se entiende.

     Siempre se ha dicho que la política no es estática, evoluciona constantemente y las elecciones presidenciales del 2020 están matizadas por circunstancias muy específicas.

     Sin embargo, el presente gobierno para nada toma en cuenta las circunstancias y las fuerzas determinantes que hicieron posible que hoy esté en el poder. De los líderes de Marcha Verde ninguno está en Gobierno, tampoco hay uno solo de los jóvenes de la Plaza de la Bandera ni de ciertos partidos aliados, los miembros de los movimientos externos brillan por su ausencia y los dirigentes y militantes del propio PRM están dando gritos que nadie escucha.

     En campaña muchas veces se usa a la gente. Y al llegar al poder hay  replanteamiento de estrategia. Se dice que la estrategia está dirigida a ganarse a los peledeístas que están en los puestos públicos, razón por la que permanecerán en el Gobierno, tal y como todavía permanecen centenares de cuadros del PLD en cargos diplomáticos.

      Se trata de gente, sin embargo, que si no es de Danilo Medina es de Leonel Fernández, no del PRM, al que se acusa de ser la continuidad del PRD. Es una tarea riesgosa abandonar lo seguro para procurar lo que está volando.

     Lo que está volando a lo más que puede llegar es a exhibir poses teatrales de adhesión, como en efecto vienen haciendo ahora muchas bocinas del peledeísmo, pero que el Gobierno, en un ejercicio de autoengaño, asume como suyas, pese a que por cada una que suma resta decenas de periodistas que verdaderamente fueron leales. No es una estrategia bien meditada.

     Lo que parece estar muy bien meditada, desde los objetivos que se persiguen, son las designaciones de empresarios en posiciones estratégicas, pues se trata de un grupo de socios en los sectores de zonas francas, hoteles, envío de remesas y paquetes, transporte interurbano, combustibles y otros renglones. Algunos de ellos donan sus sueldos, sueldos que no necesitan, pretendiendo ofertar la idea que fueron al Estado a sacrificarse, una forma de subestimar la inteligencia de la gente, pues se trata de funcionarios que aparte de manejar presupuestos millonarios disponen de múltiples mecanismos para beneficiar a sus empresas.

     El presente Gobierno puede pensar lo que le venga en gana, si fue él que ganó o si fue el PLD que perdió. Una cosa u otra pertenecen al pasado y el presente es para el diseño de estrategias con miras al futuro.

     Por el momento, sin embargo, no es posible hacer proyecciones políticas futuras, aunque se observe a un PLD desacreditado y a un Gobierno que exhibe un balance positivo en aspectos como justicia, transparencia y manejo de la crisis sanitaria.

     Hasta ahora el Gobierno puede mostrar ejecutorias positivas, pero hay que esperar la evolución de los acontecimientos, pues en cualquier momento podrían destaparse escándalos por conflictos de intereses, lo que resultaría grave para una administración carente de visión política, que no entiende la forma en que ascendió al poder y que carece de una base de sustentación definida y segura.

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