martes, julio 5, 2022
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¡El rincón de los párrafos…!

Homenaje a Orlando

Felipe Vallejos M

Lo visité por primera vez a su oficina de abogados. Era un día caluroso, húmedo, ninguna nube en el cielo. Era joven pero sabía lo que quería hacer el resto de mi vida: ayudar en pequeña o gran medida a personas extraordinarias como él, a comunicar de forma llana y precisa.

No fue difícil, Orlando llevaba en la sangre dotes de comunicador. Aunque su oficio era el derecho y su pasión la política, desde temprana edad entendió el poder de la comunicación y así lo reflejó su compromiso con los medios, el acceso que les brindó y con sus propias iniciativas; tal fue el caso del programa de televisión que me dio mi primera oportunidad como analista: Líderes TV.

Nos sentamos, me ofreció café -no quise- se rió, como diciendo: “dale unos meses y el café será necesario”. Me miró con curiosidad -en esos años llevaba una melena digna de Bisbal- pero no hizo comentario alguno, solo me preguntó a qué me dedicaba y qué proponía. Esa era de sus otras virtudes, práctico, concreto, sin rodeos. Le respondí que la comunicación era mi profesión y que estaba listo – sí, cómo no- para asesorar, todo esto sin la más mínima noción de lo que significaba ser consultor. Me lancé y caí en las manos de una persona que ignoró mi inexperiencia y me otorgó mi primera oportunidad.

Me miró como un padre a un hijo, entre medio paternal y risueño, quizás divertido por el desparpajo de este jovencito. No tardamos en llegar a un acuerdo, se paró y me acompañó a la salida, no sin antes ponerme la primera prueba: “tengo una columna en El Nacional, sabes escribir me imagino. ¿Me podrás ayudar?”. Será un honor, respondí. Nos dimos la mano y asentimos, como sellando el vínculo y el inicio de una amistad y de una mentoría que me enseñó más de lo que podía imaginar.

Desde aquel entonces me convertí en su humilde colaborador. Primero el tuitero, luego el escritor de discursos y finalmente, su fiel escudero al servicio de su columna semanal.

Ahora que lo pienso, tras 10 años junto a él, esta columna era el hilo conductor de nuestra amistad. Me dio mis boches cuando veía que no ponía cabeza y corazón a cada palabra. “No te siento en estas líneas”, me decía, “trata de nuevo y me lo mandas”. Luego, le agregaba su estilo, pulía, par de anécdotas, una frase lapidaria, una experiencia, o tal vez lo hacía desde cero. No me importaba, lo que disfrutaba era discutir largo con él y escribir juntos su visión, sus ideas y propuestas, ahora convertidas en su legado.

Perdí la cuenta las columnas que tuvieron esa dinámica, pero lo que sí sé es que no puedo no sentir menos que orgullo de haber ayudado a este extraordinario servidor a comunicar lo que siempre tuvo en el corazón. Gracias del alma, Orlando, hasta que nos volvamos a encontrar.

Por: Felipe Vallejos M.
fvmellado@gmail.com

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