Por Juan José Encarnación

Juan Bosch y Peña dieron todo lo que tenían para que la democracia quisqueyana se institucionalizara. Muy mal pensaron aquellos que creyeron que porque Juan y Peña habían cambiado de forma física, abandonarian a su amada Quisqueya. No, sus espíritus están hechos para luchar eternamente. Y aquellos que recibieron todo de ellos y traicionaron sus enseñanzas, hoy tienen que responder ante la justicia y entrar ante la primera puerta del infierno. No vale que te haga el loco o te suicide: ¡La vas a pagar! Como lo quisieron Juan y Peña, la justicia dominicana, gracias al impulso del presidente Luis Abinader, ha empezado a practicar, con suma urgencia y delicadeza, el protocolo inglés: Se respeta el debido proceso, se respeta el derecho de los procesados, se respetan la ley y la Constitución. Y más importante aún, sólo se acusa si hay pruebas y si estas son lo suficientemente sólidas para conseguir merecidas condenas. Ya lo advertí: Cuando se cumple con esa dinámica al acusado sólo le queda declararse culpable y negociar sentencia. Este proceso también debe servirnos a nosotros, el PRM, para que asumamos, en su más alto nivel, la defensa de los bienes públicos. Y para que entendamos que si a usted le dan un grado de poder tiene que cultivar tres grados de humildad. Gloria a Juan, gloria a Peña y gloria a cada dominicano que ha luchado por la democracia, la institucionalidad y la innegociable libertad.

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