Por Miguel SOLANO

TODOS sospechamos, menos los republicanos, que Trump propicia la derrota senatorial en Georgia. Hecho que le permitirá quedarse con el absoluto control del partido, algo que necesita con urgencia para poder sostenerse frente a la gran avalancha de acusaciones de fraudes que tendrá que enfrentar.
De 75 millones de votos que obtuvo Trump, el 74 por ciento cree que las elecciones se la robaron y que Trump es el legitimo presidente electo. ¿Cómo una cantidad tan enorme puede desconfiar de la voz legitima, clara, precisa y pulcra de las instituciones?
Aún no está claro de cómo, en el futuro, el aparato judicial va a lidiar con ese dilema. Pero lo ocurrido obligara a que el aparato político se reforme. Los colegios electores serán sustituidos por el voto popular, el voto tendrá que ser obligatorio y los candidatos estarán obligados a presentar evidencias de sus denuncias…
La experiencia de que unos 80 tribunales, la mayoría compuesta por jueces nombrados por los republicanos, incluyendo la inmaculada Suprema Corte, emitieron sentencia determinando, con apego a la ley, de que los alegatos de fraudes eran puro fantasmas, puras “noticias falsas”, no puede quedar como túnel blanco.
Sobre todo, porque los seguidores de Trump continúan creciendo en sus falsas creencias y aportando cientos de millones de dólares para que las mentiras tenga financiamiento. Los republicanos alegan que cada quien dona su dinero a quien quiera y a la causa que quiera. Desde el punto de vista de la libertad en el uso de los recursos obtenidos legítimamente, el argumento es válido. Ahora, lo que esta en juego es el inventar falsos alegatos para recolectar dinero. ¿Qué puede hacer la ley en ese sentido?
Trump maneja la muerte republicana sembrando en su base el criminal mensaje de que si usted es republicano no puede ser honesto, de que para ser republicano hay que considerar la verdad como la enemiga. Y los hechos, los acontecimientos, como noticias falsas. Y como el placer de Trump viene de la derrota, de su mundo de bancarrota, el derrotar la verdad es su primer objetivo.
Ya como ex presidente tendrá que enfrentarse a un republicano honesto, el antiguo director de seguridad cibernética, Chris Krebs, tendrá que enfrentar a la procuradora general de New York , Letitia James y tendrá que enfrentar a todas unas series de investigaciones que el FBI tiene abiertas. Su defensa no tiene validos argumentos jurídicos, así que su plan es mantener movilizados a su base y mediante el uso bien logrado de la incertidumbre hacerle creer que están defendiendo al legitimo presidente. La conciencia delincuencial siempre termina en que “peor que ser denunciado es no ser denunciado”. Así que cuando Trump este entrando a la cárcel todos los veremos sonreír.

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