miércoles, mayo 18, 2022
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Las Venas Abiertas que alimentaron las potencias en América y Europa

El autor es politólogo y periodista, reside en SalcedoPOR RAFAEL SANTOS

Es un libro desgarrador. Mortificante. Es un texto denunciativo  – histórico, en donde el autor haciendo un buen uso del lenguaje, el cual a través de la magia de la sencillez, nos ponen “al corriente” de muchos datos, aquellos que desde tiempos inmemoriales nos vienen inyectando a través de textos muy bien diseñados, dentro de un currículum que más que todo, nos mantuvo embrutecidos. Como ejemplo, ahí está la batalla del Santo Cerro, en La Vega.

Portada del libro, Las Venas Abiertas de América Latina, edición 50 aniversario.

Muchos de esos textos amarillos, nos contaron hasta la saciedad, unas realidades que durante mucho tiempo, nos implantaron ver como héroes sufridos a unos actores, cuyas acciones y a través de otras lecturas ya adultos, nos hicieron ver otros contextos que no eran del todo como “aparecían”.


Eduardo Galeano, autor de la obra

Estos nos abrieron las puertas de la razón, para de manera un tanto reflexiva y crítica, analizar, y llegar a la conclusión de los infinitos aportes que en diversas materias esta parte del mundo, llamada América, contribuyó para que ciertas potencias, por ejemplo las europeas, y luego algunas de América, hoy por hoy pudieran  exhibir sus riquezas en base al sufrimiento de nuestra explotada raza indígena y algo más.

La foto muestra el momento cuando varios obreros salen de una de las minas de Bolivia.

El texto, “Las venas abiertas de América Latina” de la autoría de un maestro de maestro en las lides literarias, como lo fue, don Eduardo Galeano, consta de 349 páginas, y su primera edición salió a la luz en el 1971, aunque el mismo y de acuerdo a los datos escrito en el mismo libro, se terminó de escribir en el 1970, en la ciudad de Montevideo, Uruguay.

Es de fácil lectura. Con 19 ediciones al hilo, la cual debo decir, que la obtuve en un momento que me encontraba en una de las librerías de la ciudad de Santiago de los Caballeros,  y cuya edición fue publicada en el 2020, a raíz de cumplir el mismo 50 años de haber sido dado a conocer al público.

Desde un principio, el lector puede advertir, que está ante un autor con cierta  antipatía hacia los llamados países del primer mundo, en donde con un lenguaje como decíamos al principio sencillo, sin embargo y es través de esta que vemos el resabio de un Galeano, tildando a nuestros países del llamado tercer mundo, “trabajando de sirvienta” a los llamados poderosos (página 15).

La pintura ilustra el momento cuando en la ciudad de La Vega, se daba la batalla del Santo Cerro

Aunque hemos citado el resabio del autor, por la manera de cómo esas grandes potencias, comenzando por los europeos, desangraron en todos los órdenes, tanto económico como en la parte humana a esta parte del mundo, Galeano, de manera si se quiere hasta un tanto “prepotente”, nos dice, que “desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en el capital europeo, o más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder” (página 16).

Nos señala, en la página 31, la ruin manera de cómo “Los conquistadores practicaban también, con habilidad política la técnica de la traición y la intriga. Supieron explotar, por ejemplo, el rencor de los pueblos sometidos al dominio imperial de los aztecas y las divisiones que desgarraban el poder de los incas”, algo verdaderamente grosero y que todavía a varios siglos de distancia, se continúa practicando como una mala herencia de los Españoles, lo que provocaba (en aquella época) que entre esos pueblos hubieran enemistades a veces hasta insalvables.

También vemos, pero en la página 32, de cómo los europeos trajeron consigo, un sin números de virus y bacterias que según nos dice “como plaga bíblica, la viruela y el tétano, varias enfermedades pulmonares, intestinales y venéreas, el tracoma, el tifus, la lepra, la fiebre amarilla, las caries que pudrían la boca”, las cuales eran parte de una cultura extranjerizada que le fue impuesta a esta parte del mundo, lo que provocaba muertes por centenares en los diversos pueblos indígenas de este continente que más tarde se llamó América.

Cuando uno lee este libro, pero de manera concienzuda, uno termina dándole la razón a Galeano, el cual en la página 38 afirma que “América era un negocio europeo”, y así nos los insta pero ahora en la página 48 cuando nos remacha, que “La estructura económica de las colonias ibéricas, nació subordinada al mercado externo, y en consecuencia, centralizada en torno al sector exportador, que concentraba la renta y el poder”.

La pintura reseña uno de los tantos momentos cuando el imperio invasor español de la época, masacraba y asesinaba a parte de la población Azteca, en México.

Ahora bien, uno no puede precisar en cuál de los asentamientos europeos hubo más masacre, si en México con los Aztecas, en la Española, en Perú, o en Bolivia, país este en donde al día de hoy todavía se observan los remanentes para pagar un alto precio, por ser sus territorios junto a Brasil y Venezuela, de fuentes inagotables de riquezas naturales en base a sus minerías.

Por ejemplo, con una espantosa claridad, se lee en el texto sobre el cual reflexionamos, que en Brasil, “Las madres mataban a sus hijos para salvarlo del tormento de las minas” (página 52) y más adelante, en la 54, este nos relata que en las minas de mercurio “el veneno penetraba en la pura médula, debilitando los miembros todos y provocando un temblor constante, muriendo los obreros, por lo general en un espacio de 4 años”.

Lo anterior pasaba junto a otras barbaridades que por falta de espacio no enumeraremos, en el Brasil y en muchos de los espacios colonizados, sin embargo, el caso de México, era más que alarmante grotesco, dantesco, pues tal y como lo dice “Darcy Ribeiro, el combustible del sistema productivo colonial”, eran los indígenas (página 59).

Las cuantiosas riquezas millonarias en oro, cobre, estaño, plata y otros, que se extrajeron de Perú, México, Brasil, Bolivia y la Española, fueron de los motivos principales para que a esta parte del mundo vinieran aventureros y emisarios de sus gobernantes, y usando como arma la tortura, el engaño y las divisiones entre las diversas tribus, engordar sus arcas económicas, y con ellas, contribuir a la construcciones en aquellas naciones, de suntuosos palacios que a decir de Eduardo Galeano, fueron levantados con cada gota de sangre de los indígenas.

En la página 82, hay un fragmento, el cual me llamó como dominicano poderosamente a la atención, cuando el autor describe, que “el mejor azúcar el mundo brotaba del suelo esponjoso de las llanuras de la costa de Haití, una colonia francesa que por entonces se llamaba Saint-Domingue” y continúa diciendo, que “Al norte y al oeste, Haití se convirtió en un vertedero de esclavos”.

Además del oro, la plata, el estaño, el cobre y el azúcar, eran como expresamos en líneas anteriores, otros de los ingredientes que era muy apetecibles en las naciones subyugadoras, la cuales vieron en esta parte del mundo, su tabla de su salvación para hoy por hoy ser lo que los medios nos presentan, países del llamado primer mundo.

Finalmente, podríamos decir, que estos además de lo anteriormente descrito, alimentaron sus economías tomando como base primigenia, la ignorancia de nuestros antepasados, lo que desde aquellos tiempos nos ha sumergido, en un llamado tercermundismo, ese que todavía nos hace ver en pañales para iniciar un camino a un primer mundo que por la división de nuestra américa, trunca el sueño del progreso y la estabilidad socio-económica, claro está, en alguna de las naciones del patio.

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