Los gobernantes dominicanos y la corrupción administrativa

Por Máximo Sánchez

Después de Rafael L Trujillo Molina, el gobernante que por más tiempo ejerció el poder fue el Dr. Joaquín Balaguer Ricardo. La historia política dominicana registra la frase del Dr. Balaguer de que en uno de sus gobiernos la corrupción administrativa se detenía en la puerta de su despacho.

El Dr. Joaquín Balaguer ejerció el poder durante 22 años, con la breve interrupción de los dos períodos del PRD en la década de los 80s del siglo pasado; como estadista, cuyo afán político era mantenerse en el poder, nadie en su sano juicio puede afirmar que el presidente Balaguer auspició la corrupción administrativa

Joaquín Balaguer tenía sentido de la historia, y en su comportamiento como gobernante hay muchas cosas por las que se puede criticar, pero en esas tantas cosas, no están el corromperse ni auspiciar a sus familiares, o sus cercanos colaboradores para acumular fortunas a expensas del Estado.

Entre los gobernantes dominicanos, hemos tenido diferentes formas de comportamiento frente a los bienes del Estado y su administración; el Presidente Bosch, le negó una posición dentro de su gobierno a su sobrina y secretaria personal, la Dra. Milagros Ortiz Bosch, alegando que no era ético que el Presidente nombrara familiares dentro de su gabinete.

El presidente don Antonio Guzmán Fernández, tuvo algunos familiares en el entorno de su gobierno; y esto provocó múltiples rumores, principalmente dentro de su propio partido a tal punto, que se especula, que las amenazas de judicializarlo del sector que le sustituiría en el gobierno, le llevaron a suicidarse; recordemos que a Don Antonio le sucedió en la dirección del Estado el Dr. Salvador Jorge Blanco.

El Dr. Leonel Fernández ha gobernado nuestro país en tres ocasiones diferentes; tiene familiares cercanos conocidos, tíos  y hermanos; con excepción de la participación de su padre, ya fenecido, en su primer gobierno, no hay constancia de ninguno de sus hermanos o familiares que hayan sido favorecidos con decretos o contratos dentro del Estado.

Trujillo su mal ejemplo, donde las empresas del Estado se convertían en su patrimonio personal, dependiendo de su rentabilidad, es un tema demasiado extenso para ser tratado en un breve escrito de periódico; el paternalismo, el mesianismo y el miedo como política de Estado, requieren tiempo, investigación y múltiples párrafos.

Los últimos 8 años de gobierno, vinieron para borrar muchos precedentes de regímenes anteriores; en la etapa de nuestra débil institucionalidad democrática de las últimas décadas, nunca se había visto desdeñar la opinión de los dominicanos, como lo hizo el gobernante que acaba de ser desalojado del poder.

El ex presidente Hipólito Mejía apostilló la imagen del presidente chistoso y burlador, para lidiar con periodistas y opositores. Pero en los gobiernos de Danilo Medina, la mentira y la burla se institucionalizaron.

Nepotismo, manejos turbios de fondos públicos, tomar instituciones del Estado como tablita de picar carne, para sacar de allí beneficios incalculables; esto no describe por completo el régimen de ex presidente Medina, falta mucho más descaro y desvergüenza.

Y a modo de confesión, ¡válgame Dios! La protección parlamentaria, la sombra del Parlamento Centroamericano.

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