Luis, Peña y la institucionalidad

Por Juan José Encarnación

Como lo reclama el presidente Luis Abinader ha llegado la hora de que los actores políticos paguen su deuda con la democracia, con la institucionalidad, con las libertades y con el pueblo relegado. Luis puso bien en claro el que la institucionalidad se deriva del hecho de que los funcionarios que dirigen instituciones lo hagan con apego a la ley, la Constitución y los protocolos. Y dejo bien en claro el que solo la institucionalidad derrota la corrupción, que solo la institucionalidad garantiza la democracia y las libertades.

Y ninguna otra obra es tan trascendente para crear un estado fuerte, plural y transparente. Eso era exactamente lo que nosotros planteamos como reclamo en nuestro trabajo anterior titulado “Rumbo hacia un estado nación”.

Ya dejamos de ser verdades especulativas. No somos vidrios, no estamos viviendo un sueño, estamos en vigilias. Yo aprendí de José Francisco Peña Gómez a ser como un búho, a situarme en las alturas de los árboles y ver a las ratas moverse bajo las hojas aunque estén a diez kilómetros de distancia.

La generación jurídica que patrocina el presidente Luis Abinader está dando muestras claras de que el aparato judicial si funciona cuando se aplica el método científico, el código y el protocolo inglés: Se respeta el debido proceso, se respeta el derecho del procesado, se respeta la ley y la Constitución. Y más importante aún, solo se lleve el acusado ante el juez cuando las pruebas son lo suficientemente sólidas como para conseguir una justa condena. Así el futuro de la nación no depende del capricho de un líder, del capricho de un partido o del capricho de un grupo de empresarios, de esos que nunca se cansaran de ser vampiros.

Ahora, el gobierno respaldado por PRM y las fuerzas aliadas tienen que ser como un libro donde está escrita la verdad de Peña Gómez. Peña entendía que la fuerza y la prisa están guiadas por el ego, que el ego las impulsas. Peña entendía que el conocimiento nos lo dan los demás, pero que la sabiduría es un don que el universo nos regala y que ese don tenemos que sacarlo de nuestros latidos.

Peña sabía lo que quería su ser y hacia allá se dirigía. Los que escuchamos el discurso de Luis Abinader sabemos que heredó ese don divino. Peña Gómez nunca quiso la felicidad a costa de otros, sino a través del verdadero y autentico disfrute, de ese que encontramos al buscar en nuestro interior.

Yo que dure más de 40 años al lado de Peña Gómez, que le salve la vida y que lloré porque no pude derrotar su cancel, puedo dar testimonio de que todo lo hizo con su corazón y de que no levanto polvo para dejarlo atrás.

Ahora Luis actúa con esa sabiduría, con esa valentía y con la humildad suficiente como para enseñar al gobierno y al PRM a sosegarse. Como honor a Peña Gómez y a su progenitor, don Rafael Abinader, Luis está aquí para hacer los cambios, no para mirarlos: ¡Eligió, caminó y llegó!

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