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Por Tony Salomón
Basta de discursos vacíos y excusas reiteradas. Desde su llegada al poder en 2020, el gobierno ha construido su narrativa sobre un mismo eje: culpar a las gestiones anteriores. Sin embargo, el país no se gobierna mirando constantemente hacía atrás, sino asumiendo responsabilidades en el presente.
La realidad es inminente. Las políticas públicas con impacto real y retorno tangible para la población han sido escasas. Mientras tanto, decisiones desacertadas en el ejercicio del poder se han convertido en un verdadero látigo qué golpea día a día los hogares dominicanos, reflejando una preocupante incapacidad gerencial.
Ahora, antes las consecuencias de esa mala gestión, se convoca a diálogos con las fuerzas vivas del país. Pero surge una pregunta inevitable: ¿Diálogo para qué?
Señor presidente, el problema no es falta de espacio de conversación, es la falta de escucha. Las mismas fuerzas que hoy son llamadas a dialogar, han advertido en múltiples ocasiones de irregularidades, errores y actos cuestionables dentro de su administración. Lejos de ser atendidas, esas voces han sido descalificas.
El caso de Senasa es solo un ejemplo. Denuncias realizadas por distintos sectores fueron ignoradas, y en su momento, el gobierno optó por defender lo indefendible en
lugar de investigar con responsabilidad.
Entonces, la interrogante se mantiene vigente: ¿Se puede acudir a un diálogo con quien no escucha?
Un verdadero dialogo implica apertura, humildad y disposición a corregir. Sin eso, cualquier convocatoria se convierte en una simple estrategia de imagen, no en una solución real a los problemas del país.
La ciudania no necesita más discursos, necesita respuesta.
Nota:» La Prensa Tras La Verdad. Se reserva el derecho de publicar trabajos de Opinión u otras categorías, con errores de sintaxis/redacción. Como también no somos responsables de los conceptos emitidos por su autor.

