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Por José-chino- Bujosa Mieses
Conocí a Olivo de León en las luchas gremiales del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP). Desde aquellos años lo vi alinearse, con decisión y consecuencia, en las filas del Movimiento Marcelino Vega, organización desde la cual ha librado buena parte de sus batallas en defensa de los periodistas y de los trabajadores de la prensa dominicana.
Para mí, Olivo es uno de los dirigentes gremiales del periodismo dominicano de mayor formación académica e intelectual de las últimas décadas.
Su vida pudo haber tomado otro camino. Durante nueve años estudió para sacerdote en el seminario de los Padres Paúles y alcanzó la licenciatura en Filosofía, graduándose Cum laude. También realizó estudios de Bibliotecología. Pero, cuando parecía encaminado hacia la vida sacerdotal, comprendió que su verdadera vocación estaba en otro apostolado: el periodismo y el servicio a los demás desde la comunicación y la lucha social.
Y no abandonó nunca aquella vocación de servicio.
Desde que lo conocí descubrí en él a un trabajador consagrado a los periodistas y a sus organizaciones. Un hombre capaz de dedicar horas, días y años enteros a la defensa de sus compañeros; un dirigente para quien las responsabilidades gremiales no constituyen un título, sino un compromiso.
Olivo no llegó al gremialismo buscando honores. Venía de una experiencia social anterior. Nacido en San Francisco de Macorís, había trabajado con organizaciones comunitarias y juveniles y participado en luchas por reivindicaciones de trabajadores del campo, impulsando cooperativas de ahorro y crédito, clubes juveniles y otras organizaciones populares.
Ese sentido de solidaridad social lo acompañaría después durante toda su carrera periodística.
El dirigente que no abandona su puesto
Lo he visto muchas veces arriesgar hasta su propia salud para cumplir una responsabilidad gremial.
Lo he visto enfermo, visiblemente afectado, acudir de todos modos a reuniones, asambleas y actividades porque entendía que su deber estaba allí. Podíamos decirle que debía cuidarse, descansar, detener por algunas horas aquella marcha interminable, pero Olivo parecía responder con su conducta que mientras hubiese un periodista necesitado de respaldo, una institución reclamando su presencia o una causa gremial esperando defensa, él tenía todavía algo que hacer.
Y eso dice mucho de un dirigente.
Fue secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa durante catorce años. Desde allí promovió programas de capacitación, actividades para las familias de los trabajadores de la prensa y numerosas iniciativas sociales. Durante esa etapa cientos de dirigentes y miembros del sindicato participaron en actividades formativas dentro y fuera del país.
Más adelante llevó aquella experiencia al Colegio Dominicano de Periodistas, cuya presidencia ocupó durante dos períodos, equivalentes a cuatro años, y posteriormente al Instituto de Previsión y Protección del Periodista (IPPP), institución que presidió durante tres períodos, acumulando seis años de gestión. También asumió responsabilidades en COOPNAPRENSA.
Pero las cifras, los cargos y los períodos administrativos no explican enteramente quién es Olivo de León.
Hay que verlo actuar.
Hay que haberlo visto enfrentarse a una autoridad cuando entiende que los derechos de un periodista están siendo atropellados.
No importa la jerarquía del funcionario que tenga delante.
Cuando considera que se trata de una cuestión de principios, su carácter cambia. El hombre afable, sonriente, cordial, que recibe a sus amigos con un abrazo, se transforma en un negociador firme, persistente, difícil de doblegar.
Porque Olivo puede transigir en muchas cosas, pero difícilmente lo hace cuando considera que está en juego un principio gremial.
El corre caminos de los periodistas
Hay una imagen suya que para mí sintetiza buena parte de su personalidad.
Un periodista enferma en cualquier punto del país.
Puede encontrarse cerca o a cientos de kilómetros.
Olivo toma su vehículo y sale a buscarlo.
No pregunta primero cuánto combustible gastará, cuánto tiempo tardará o qué compromisos personales deberá posponer. Se lanza a las carreteras, llega a la casa, al hospital o al lugar donde se encuentre el compañero, conversa con sus familiares, conoce su situación y comienza inmediatamente a gestionar alguna forma de ayuda.
Por eso suelo verlo como una especie de corre caminos del periodismo dominicano.
Donde aparece una necesidad, allí trata de estar.
Y no se conforma con la primera visita. Da seguimiento. Llama. Pregunta. Gestiona. Insiste.
Esa solidaridad no está escrita únicamente en los estatutos de las organizaciones que ha dirigido. Forma parte de su manera de entender el gremialismo.
Una de las conquistas más importantes de aquellos años fue la obtención de pensiones, viviendas, facilidades para la importación de vehículos y asistencia económica para periodistas con problemas de salud. El perfil de su trayectoria consigna que, para lograr inicialmente varias de estas reivindicaciones, presentó reiteradamente al presidente Leonel Fernández la propuesta de un convenio con los gremios periodísticos, hasta concretarlo en 1997.
Así es Olivo: persistente hasta conseguir lo que considera justo.
Del periodismo dominicano al mundo
Pero su dimensión gremial trascendió muy pronto las fronteras nacionales.
Olivo pertenece a esa generación de dirigentes que comprendió que los problemas del periodismo —la libertad de expresión, la seguridad de los comunicadores, los salarios, la precariedad laboral y la independencia profesional— no podían analizarse únicamente desde una perspectiva local.
Desde 1995 ha participado en congresos, seminarios, talleres y conferencias celebrados en numerosos países de América, Europa, Asia, Medio Oriente, África y Oceanía. Su hoja de vida registra recorridos por prácticamente todos los continentes.
Esos viajes ampliaron enormemente su visión del periodismo.
Le permitieron conocer otras experiencias sindicales, otras culturas, otros modelos de comunicación y las diferentes formas en que periodistas del mundo enfrentan problemas que, aun produciéndose bajo realidades políticas y sociales distintas, muchas veces terminan siendo semejantes.
Llegó así a ocupar posiciones relevantes en la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Fue secretario de Administración y Finanzas del Grupo América Latina de esa federación y de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), además de miembro del Comité Ejecutivo de la FIP, con sede en Bruselas, desde 2001 hasta 2013.
No era ya solamente un dirigente dominicano asistiendo a reuniones internacionales.
Era un dirigente dominicano participando en los órganos donde se discutían y decidían políticas relacionadas con los trabajadores de la prensa de distintas regiones del planeta.
Una formación que nunca termina
Otra de las características que admiro en Olivo es su permanente preocupación por estudiar.
Nunca ha considerado que el conocimiento adquirido sea suficiente.
A su licenciatura en Filosofía agregó la licenciatura en Periodismo, estudios especializados de Bibliotecología, una maestría en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas, otra en Diplomacia y Derecho Internacional, diplomados y numerosos programas de formación, además de estudios doctorales en comunicación consignados en su perfil académico.
Esa formación explica también su manera de argumentar.
Olivo no es solamente un hombre de consignas.
Es un dirigente capaz de estudiar un problema, documentarlo, debatirlo y defender una posición.
A ello se une una extensa experiencia profesional en medios escritos, radio, televisión y agencias de noticias. Ha trabajado, entre otros espacios, en Hoy, El Nuevo Diario, La Voz, El Periodista, la Agencia EFE, Radio Mil, Radio Cristal y Radio Televisión Dominicana.
Además, ha dejado constancia escrita de parte de esa experiencia mediante su obra en dos tomos Organizaciones Periodísticas y Relaciones Internacionales, dedicada a la historia de los gremios periodísticos dominicanos y a sus vínculos internacionales.
Reconocido dentro y fuera de su patria
Una trayectoria tan prolongada inevitablemente tendría reconocimiento.
Olivo ha recibido muchos.

Pero sospecho que existe otro reconocimiento que para un gremialista termina teniendo un valor todavía más profundo:
el periodista que lo abraza agradecido porque no lo dejaron solo.
La familia que recuerda quién apareció cuando uno de los suyos estuvo enfermo.
El trabajador de la prensa que consiguió una pensión después de años de espera.
El compañero que encontró una organización dispuesta a defenderlo cuando parecía encontrarse desamparado.
Esos reconocimientos no llevan medallas.
Pero quedan escritos en la memoria.
El hombre detrás del dirigente
Porque detrás del dirigente combativo existe también un hombre extraordinariamente afable.
Quienes hemos tratado con él conocemos ese abrazo afectuoso con que suele recibir a sus amigos y compañeros, dentro o fuera de su despacho.
Conocemos su sonrisa.
Su conversación cordial.
Su disposición a escuchar.
Es sincero, solidario, buen amigo, honrado, esposo y padre dedicado.
Pero sería incompleto describirlo solamente desde su cordialidad.
Dentro de ese hombre amistoso existe un combatiente gremial.
Cuando siente que un compañero ha sido atropellado, cuando entiende que una autoridad pretende desconocer los derechos de los periodistas o cuando alguna conquista gremial se encuentra amenazada, aparece inmediatamente ese otro Olivo:
el Olivo firme, vertical, enérgico, difícil de hacer retroceder.
Ese carácter explica también por qué durante tantos años sus compañeros le han confiado importantes responsabilidades y por qué ha ocupado la coordinación nacional del Movimiento Marcelino Vega, convirtiéndose en una de sus figuras fundamentales.
He compartido con él debates, elecciones gremiales, luchas, diferencias circunstanciales, victorias y dificultades.
Y después de tantos años puedo afirmar que para mí constituye un honor tenerlo como coordinador del Movimiento Marcelino Vega y como compañero en estas largas jornadas del periodismo dominicano.
Porque Olivo de León ha demostrado algo que no siempre resulta fácil combinar:
que se puede ser un buen periodista y, al mismo tiempo, un extraordinario dirigente gremial.
Que se puede estudiar profundamente y conservar la sensibilidad ante el sufrimiento de un compañero.
Que se puede recorrer el mundo sin perder el camino hacia la casa del periodista humilde que necesita ayuda.
Que se pueden ocupar importantes posiciones internacionales sin olvidar las pequeñas batallas cotidianas de quienes trabajan detrás de una cámara, un micrófono, una computadora o una libreta de apuntes.
Ese es el Olivo que conozco.
El amigo que abraza.
El dirigente que debate.
El intelectual que estudia.
El periodista que ejerce.
El hombre que toma la carretera cuando un compañero lo necesita.
El que no pregunta primero qué distancia debe recorrer, sino dónde está el periodista que necesita ayuda.
Por eso, cuando algún día se escriba con amplitud la historia del movimiento gremial de los periodistas dominicanos de las últimas décadas, habrá que reservarle un capítulo importante.
Porque Olivo de León no solamente ha dirigido gremios: ha hecho del gremialismo y del periodismo un sacerdocio
Y por eso lo considero, sin reservas, una gloria del periodismo gremial dominicano y un ejemplo del ejercicio ético de nuestra profesión.

