|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La traición, el cerco y la ejecución,las últimas horas de Francisco Alberto Caamaño Deñó
En las últimas horas de la guerrilla, todo se redujo a sobrevivir… o morir con dignidad.
Rodeados por un cerco estratégico y múltiples cercos tácticos, Francisco Alberto Caamaño Deñó dio la orden,abandonar todo lo innecesario. Cada objeto podía delatarnos. Cada error, costarnos la vida.
Esa noche rompimos el cerco.
Caminamos sin descanso, tragándonos el miedo, alejándonos más de treinta kilómetros del enemigo. Pero al amanecer, la sorpresa nos golpeó: nuestros nombres clandestinos estaban en la radio. Alguien había dejado huellas. El enemigo ya sabía que estábamos ahí.
El hambre apretaba. La comida enterrada no apareció. Los pueblos estaban vacíos. Los militares, en cambio, estaban en todas partes.
Entonces lo entendimos: habíamos sido descubiertos.
El frío era insoportable. Lluvia constante. Caminábamos entre emboscadas sin verlas, guiados solo por relámpagos. Dormimos empapados, a menos de 2 grados, con la muerte rondando cada árbol.
Y llegaron los errores.
Una voz demasiado alta.
Un segundo de descuido.
Una emboscada que abrió fuego sin parar.
El combate fue brutal.
Granadas, ráfagas, gritos.
Hombres cayendo.
Otros cubriendo la retirada sabiendo que no saldrían.
Aun así, contraatacamos. Destruimos un camión militar en plena noche. Era más que una acción táctica: era un mensaje. Seguíamos vivos.
Pero el cerco se cerraba.
Al día siguiente, el infierno.
Miles de soldados. Explosiones. Disparos desde todas partes. Uno a uno fuimos cayendo heridos o muertos. En medio del caos, Caamaño resistía, cubriendo la retirada de sus hombres.
Hasta que cayó.
Herido, pero vivo.
Capturado.
Lo llevaron ante el alto mando. No podían permitir que viviera. Su existencia era más peligrosa que su muerte.
La orden llegó desde arriba.
Al atardecer del 16 de febrero de 1973, lo asesinaron.
Sus últimas palabras no fueron de rendición.
Fueron de patria, «¡Viva la República Dominicana!”
Después, una lluvia de disparos al aire. No era combate.
Era celebración.
Habían matado a un hombre…
pero también habían creado una leyenda.
Claudio Caamaño lo contó. Porque la historia no podía quedar enterrada entre balas, frío y silencio.
Porque hay muertes que no se olvidan.
Y hay nombres que no mueren.
Imagen restaurada con IA
#CaamañoVive #HistoriaDominicana #HéroesDeLaPatria #MemoriaHistórica #NuncaOlvidar
“Fuente:Trebol tv sow”

