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Por Tony Salomón
La educación representa uno de los instrumentos más eficaces para impulsar el desarrollo sostenible de las naciones. Más que un derecho fundamental, constituye una inversión estratégica capaz de transformar sociedades, fortalecer las instituciones democráticas y elevar la calidad de los ciudadanos.
La experiencia internacional demuestra que los países que han priorizado la educación como política de Estado han logrado avances significativos en materia de crecimiento económico, innovación, salud pública, protección del medio ambiente y cohesión social. Existe una relación directa entre el nivel educativo de una población y su capacidad para generar oportunidades, enfrentar desafíos y construir un futuro más próspero e inclusivo.
En ese contexto, la República Dominicana enfrenta un desafío de consolidar un modelo de desarrollo basado en el conocimiento, la formación técnica y la excelencia académica. Para lograrlo, resulta indispensable que los recursos destinados a la educación sean administrados con criterios de eficiencia, transparencia y rendición de cuentas, garantizando que cada inversión se traduzca en mejores resultados para estudiantes, docentes y comunidades.
La calidad del gosto público debe convertirse en un tema central del debate nacional. No basta con asignar recursos; es necesario evaluar permanentemente su impacto y asegurar que las políticas implementadas respondan a las necesidades reales de la población y a los desafíos del siglo XXI.
Asimismo, el fortalecimiento de la educación contribuye a la formación de ciudadanos más conscientes de sus derechos y responsabilidades, capaces de participar activamente en la construcción de una sociedad más justa, democrática y sostenible. Una ciudadanía educada constituye la mejor garantía para preservar las instituciones, promover la transparencia y exigir una gestión pública orientada al interés colectivo.
El desarrollo sostenible no puede edificarse sobre bases frágiles. Requiere visión de largo plazo, compromiso social y una apuesta decidida por el capital humano. Por ello, la educación debe ocupar un lugar prioritario en la agenda nacional, más allá de coyunturas políticas o intereses particulares.
La República Dominicana dispone del talento y las capacidades necesarias para avanzar hacia un modelo de desarrollo más competitivo e inclusivo. Sin embargo, alcanzar ese objetivo dependerá de la voluntad colectiva de colocar la educación en el centro de las políticas públicas y de asumirla como la principal herramienta de transformación social.
Invertir en educación es invertir en el futuro. Y el futuro de una nación comienza en las aulas.
Nota:» La Prensa Tras La Verdad. Se reserva el derecho de publicar trabajos de Opinión u otras categorías, con errores de sintaxis/redacción. Como también no somos responsables de los conceptos emitidos por su autor.

