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Por: Alexander Olivence Grullon.
La militancia del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el exterior, particularmente en la vibrante y estratégica plaza de Nueva York, ha alzado la voz con un mensaje claro que retumba en las calles de Washington Heights y El Bronx: queremos convención, no imposición. El momento que vive nuestra organización es demasiado crucial para permitir que viejas prácticas, que creímos enterradas, regresen con la arrogancia de quien cree que el poder es una propiedad familiar o de un grupo reducido de «dinosaurios».
Hace apenas unos años, en el 2020, la militancia dio un respaldo mayoritario a una dirección que prometía transformación y democratización interna. Pero hoy, cuando nos acercamos a un nuevo proceso electoral interno, vemos con preocupación cómo algunos de los que ya estuvieron instalados en la burocracia del partido durante los últimos cinco años (y que algunos ostentaron posiciones de poder en gobiernos anteriores) pretenden ahora regresar por la vía rápida, aprovechando lo que ellos consideran «tiempo de zafra».
Y es que para ellos, la política es un negocio de temporada. Aparecen cuando el fruto está listo para ser cosechado, cuando las posiciones están cerca, pero se olvidaron de sembrar durante años. Se ausentaron en las trincheras, en los clubes, en las reuniones de base. Ahora, cuando el partido gobierna y los recursos del Estado podrían tentar a más de uno, quieren regresar como si nada hubiera pasado, pretendiendo que les abramos las puertas de par en par.
Pero el PRM de Nueva York no es un partido de memorias cortas. Esta plaza, que ha sido el bastión del voto exterior y que históricamente ha dado muestras de madurez política, no está dispuesta a ser tratada como un feudo. Aquí no caben las imposiciones de cúpulas ni los pactos de oficina que deciden desde Santo Domingo quiénes serán nuestros candidatos, delegados o autoridades internas.
La exigencia es legítima y democrática: una convención libre, abierta y con reglas claras. Queremos que la militancia neoyorquina, que madruga para trabajar, que envía remesas y que sigue de cerca los destinos de la República Dominicana, sea la que decida su destino. No queremos candidatos ungidos a dedo por aquellos que vienen a pedir el voto con el discurso fácil, pero que en su momento dieron la espalda a los problemas de la comunidad dominicana en el exterior.
Esos «dinosaurios» que hoy merodean buscando un hueco en la boleta representan lo viejo, lo que el PRM prometió cambiar. Representan el clientelismo, el dedo, la política de escritorio. El país y el partido necesitan savia nueva, gente que haya trabajado en las buenas y en las malas, y no estos «zafreros» que aparecen solo cuando el sol calienta.
La dirigencia nacional del PRM debe escuchar este clamor. Ignorar la voz de Nueva York sería un error histórico. Aquí no hay espacio para imposiciones. Aquí, en la Gran Manzana, el PRM se fortalece con convenciones, no con dinosaurios. El momento de decidir es ahora, y la decisión es clara: democracia interna ya.j
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