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El territorio no determina la prosperidad de los países.

El territorio no determina la prosperidad de los países.
Redacción
  • Publishedagosto 18, 2026
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Las políticas inclusivas, la calidad institucional y el voto responsable son determinantes para el desarrollo de los pueblos

Por Tony Salomón

La prosperidad de una nación no está determinada exclusivamente por su territorio, sus recursos naturales o sus condiciones climáticas. La historia demuestra que las instituciones, las decisiones políticas y el nivel de inclusión social y económica pueden marcar la diferencia entre el progreso y el estancamiento de los pueblos.

Corea del Norte y Corea del Sur constituyen uno de los ejemplos más ilustrativos. Comparten una misma península, una historia común y condiciones geográficas similares; sin embargo, sus realidades políticas, sociales y económicas son profundamente diferentes.

En nuestra propia región encontramos otro ejemplo cercano: República Dominicana y Haití. Ambas naciones comparten la misma isla y un clima semejante, pero han seguido trayectorias muy diferentes.

¿Por qué estas diferencias?

Sin lugar a dudas, el modelo político, la calidad de las instituciones y las políticas sociales y económicas tienen un peso determinante. El autoritarismo y las políticas excluyentes pueden limitar las oportunidades, mientras que la inclusión, la educación, la seguridad jurídica y la apertura económica pueden crear condiciones favorables para el desarrollo.

República Dominicana constituye un caso particularmente interesante.

Incluso durante períodos de gobiernos dictatoriales, el país experimentó procesos de transformación económica y social. Con todos los males que históricamente han acompañado a las dictaduras, también se produjeron avances en áreas como la educación, el comercio y determinadas expresiones de la vida cultural y social.

Pero sería injusto atribuir el desarrollo dominicano exclusivamente a esos períodos. La consolidación democrática y la ampliación de las oportunidades sociales y económicas jugaron posteriormente un papel fundamental.

El salto hacia la modernidad

Hasta finales del siglo XX, cuando se mencionaba a República Dominicana en determinados escenarios internacionales, muchas veces era necesario explicar dónde estaba ubicada geográficamente, haciendo referencia a Haití. En otros casos, nuestro país era reconocido principalmente por su música, particularmente por el merengue y por figuras como Johnny Ventura y Wilfrido Vargas.

Hoy la realidad es diferente.

República Dominicana se ha convertido en uno de los países más dinámicos de la región y ha logrado una significativa proyección internacional.

La apertura económica, la estabilidad institucional, la inversión, el fortalecimiento de sectores productivos y la ampliación de oportunidades han contribuido a esa transformación.

La inclusión, entendida en su sentido más amplio, ha sido un elemento fundamental de ese proceso.

Por eso, los avances alcanzados no deben ser revertidos mediante políticas que favorezcan exclusivamente a determinados grupos, ni mediante prácticas que debiliten las instituciones o comprometan la defensa del interés nacional.

El poder está en el ciudadano

La civilización moderna nos ha entregado una herramienta extraordinaria para corregir el rumbo de nuestras sociedades: el voto.

Los procesos electorales permiten a los ciudadanos evaluar a quienes gobiernan, reconocer los aciertos y sancionar democráticamente los errores, el engaño o la traición a la voluntad popular.

La democracia no termina el día de las elecciones. Comienza allí la responsabilidad ciudadana de vigilar, exigir y participar.

Los pueblos son, en última instancia, responsables de su destino, porque son ellos quienes, mediante su voluntad expresada en las urnas, deciden quiénes habrán de gobernarlos.

Por eso, el voto responsable es mucho más que un derecho: es una herramienta para defender la democracia, preservar los avances alcanzados y decidir qué modelo de sociedad queremos construir.

El territorio puede ser el mismo. El clima puede ser parecido. Incluso la historia

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