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En un mundo que no deja de hacer ruido, prefiero la calma!.

En un mundo que no deja de hacer ruido, prefiero la calma!.
Redacción
  • Publishedagosto 13, 2026
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Por: Kenia Martínez.

Vivimos en un mundo que parece moverse cada vez más rápido. Las noticias, las responsabilidades, las redes sociales, el trabajo, las preocupaciones y el ruido constante pueden llegar a ocupar tanto espacio en nuestra vida que, sin darnos cuenta, comenzamos a olvidar algo esencial: la necesidad de estar en paz.
Hubo un tiempo en que relajarse significaba salir, viajar, reunirse, descubrir lugares nuevos o simplemente escapar de la rutina. Hoy, sin embargo, muchas veces el verdadero descanso está precisamente en lo contrario: quedarnos en casa.
El hogar ha dejado de ser solamente el lugar al que regresamos después de un largo día. Para muchos, se ha convertido en un refugio. Un espacio donde podemos bajar la guardia, quitarnos las máscaras, dejar a un lado las exigencias del mundo y simplemente ser nosotros mismos.
A veces, la felicidad no necesita grandes escenarios. Puede encontrarse en una conversación tranquila con quienes amamos, en una comida sencilla preparada con cariño, en una taza de café, en una película compartida o en esas pequeñas rutinas que parecen insignificantes, pero que terminan llenando el corazón.
Quizás hemos aprendido que no todo lo valioso tiene que ser extraordinario. Lo sencillo también puede ser profundamente hermoso.
La paz, muchas veces, no llega acompañada de grandes acontecimientos. Llega en forma de silencio, de un sofá cómodo, de una casa en calma y de la certeza de que, por unas horas, no tenemos que correr detrás de nada.
En un mundo que constantemente nos invita a hacer más, tener más y demostrar más, también es un acto de amor propio aprender a detenernos.
Porque descansar no es perder el tiempo.
Quedarse en casa no significa aislarse.
Disfrutar de lo sencillo no significa conformarse.
A veces significa haber entendido que la verdadera riqueza está en tener un lugar donde el alma pueda descansar y personas con quienes podamos compartir esa tranquilidad.
Tal vez por eso, después de tanto ruido, comenzamos a valorar de otra manera aquello que antes parecía cotidiano: nuestro hogar, nuestra familia, una comida compartida y la paz de sentirnos en el lugar correcto.
Porque al final, cuando el mundo se vuelve demasiado caótico, todos necesitamos un lugar al que podamos regresar.
Y muchas veces, ese lugar es simplemente es nuestro hogar.

 

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