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Por: Ángel Ruiz-Bazán
Hay hombres que llegan a una posición; y hay hombres que llegan a ella después de haber construido, durante décadas, una trayectoria que explica por qué están allí. El doctor Jorge Salomón Asjana David pertenece a esa segunda categoría.
Su llegada a la Rectoría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo no constituye el comienzo de su historia, sino la consecuencia de una vida dedicada a la medicina, a la docencia, a la universidad y al servicio. En julio de este año asumió como rector magnífico de la UASD para el período 2026-2030, llevando consigo la experiencia acumulada como médico cirujano, profesor, investigador y dirigente universitario.
El cirujano. Antes que rector, Asjana David fue médico. La cirugía le enseñó, además del rigor científico, a tomar decisiones, asumir responsabilidades y comprender que detrás de cada diagnóstico existe una persona. Su trayectoria profesional y docente ha estado marcada por la formación de generaciones de médicos y por la convicción de que el conocimiento adquiere verdadero valor cuando se pone al servicio de los demás.
El académico. Su historia con la UASD comenzó en las aulas y recorrió prácticamente toda la carrera universitaria. Por eso, el reciente reconocimiento como Profesor Meritísimo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo tiene un significado especial: es la propia institución a la que ha dedicado buena parte de su vida la que reconoce su trayectoria. No llegó al Rectorado desde fuera; llegó desde sus aulas, después de haber conocido la universidad como estudiante, profesor, investigador y autoridad académica.
El Maestro de la Medicina Dominicana. Hace apenas dos días, el Colegio Médico Dominicano lo exaltó como Maestro de la Medicina Dominicana, una distinción que reconoce su trayectoria como cirujano, docente, investigador y formador de profesionales. La coincidencia de este reconocimiento con su llegada a la Rectoría convierte este 2026 en uno de los años más significativos de su vida profesional.
Pero detrás de los cargos y los títulos está el hombre.
Jorge Asjana David es también padre de familia y una persona que ha sabido conservar la cercanía y la sensibilidad. Quienes han tratado con él destacan una cualidad esencial para ejercer liderazgo: sabe escuchar. Escuchar no significa necesariamente coincidir; significa reconocer que el otro tiene algo que aportar. Esa capacidad resulta particularmente valiosa al frente de una universidad tan diversa y compleja como la UASD.
El visionario. Asjana entiende que la universidad debe preservar su historia, pero también mirar hacia el futuro. Su desafío rectoral pasa por modernizar procesos, fortalecer la investigación, actualizar la formación profesional, incorporar responsablemente las nuevas tecnologías y hacer de la UASD una institución cada vez más pertinente, eficiente e internacionalizada. Pero una verdadera modernización no puede perder el rostro humano: la tecnología debe acercar, la eficiencia debe servir a las personas y la autoridad debe convivir con el diálogo.
Este 2026 parece resumir una vida: un nuevo nieto, el reconocimiento de sus pares como Maestro de la Medicina Dominicana, la distinción de Profesor Meritísimo de la UASD y la llegada a la máxima responsabilidad de la Primada de América. Son acontecimientos diferentes, pero todos apuntan hacia una misma palabra: cosecha. La cosecha de décadas de estudio, trabajo, enseñanza y servicio.
Ahora comienza el mayor desafío. El cirujano está llamado a intervenir sobre una institución compleja; el profesor, a seguir enseñando; el académico, a pensar la universidad del futuro; el líder, a escuchar; y el hombre, a no olvidar que detrás de cada decisión hay personas.
La verdadera grandeza de Jorge Salomón Asjana David no estará solamente en los reconocimientos recibidos ni en el cargo que ocupa, sino en la huella que sea capaz de dejar. La de un maestro se encuentra en sus discípulos; la de un cirujano, en las vidas que ayudó a salvar; la de un académico, en las generaciones que formó; y la de un rector, en la universidad que entrega al finalizar su gestión.
Por eso, su llegada a la Rectoría debe entenderse como la continuidad de una vida de servicio. Una vida que comenzó en las aulas, pasó por los quirófanos, se fortaleció en la gestión universitaria y hoy enfrenta un nuevo capítulo. Porque los grandes líderes no son quienes consiguen que se hable de ellos, sino quienes consiguen que, después de ellos, la institución quede mejor que como la encontraron.

