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Tony Salomón
Las luchas por el poder suelen trascender los límites de la competencia político partidaria. En muchos casos, las confrontaciones dejan de centrarse en la presentación de propuestas estratégicas para conquistar nuevos adeptos y pasan a convertirse en operaciones de desgastes contra adversarios internos y externos.
Este fenómeno no solo se manifiesta entre partidos distintos; también se expresa con intensidad dentro de las propias organizaciones políticas. Resulta irónico observar cómo algunos sectores dedican más energía a combatir a sus compañeros de proyecto que a enfrentar a sus verdaderos adversarios.
Los proyectos de grupos y corrientes son legítimos dentro de la dinámica democrática, pero jamás pueden colocarse por encima de la institucionalidad. Cuando los intereses particulares se imponen sobre los objetivos colectivos, se debilita la organización y se pone en riesgo la viabilidad del proyecto político.
Es precisamente en esas coyunturas cuando el liderazgo debe ejercer autoridad, equilibrio y visión. De lo contrario, las diferencias terminan convirtiéndose en obstáculos permanentes para el desarrollo y crecimiento de la organización.
El tiempo puede ser un aliado de los procesos políticos, pero no sustituye la capacidad de conducción. Un líder auténtico no solo se gana el respeto de sus seguidores; también sabe hacerse respetar cuando las circunstancias lo demandan, siempre en defensa de la institucionalidad y de los intereses superiores del proyecto que presenta.
Al final, el poder no se presume; se conquista legítimamente cuando la voluntad popular se expresa en las urnas, alianzas, encuestas, discursos y percepción-forma parte de la competencia política, pero no constituye poder real.
La historia demuestra que ningún proyecto puede sustituir el juicio soberano de los ciudadanos. Es el voto quien otorga la autoridad y la legitimidad para gobernar. Por eso, fuera de la decisión del pueblo, todo poder es apenas una aspiración; un sentimiento que, como tal, permanece en el terreno de lo intangible.

