|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Por Danilo Cruz Pichardo
SANTO DOMINGO, RD.- Miguel de Unamuno, filósofo y pensador, decía que cada individuo tiene tres versiones. La que uno cree ser, la que los demás perciben de uno y la que realmente uno es. Para él esa triple dimensión refleja la complejidad de la identidad humana.
La reflexión de Unamuno sigue más vigente que nunca. La gente llana de cualquier sociedad, regularmente, ignora esos tres “yo” y desarrolla su vida de acuerdo a los principios y valores que definieron su personalidad desde muy temprano. Empero, el error que comete la mayoría de los seres humanos es considerarse a sí mismos como buenos, cuando lo correcto es humildemente establecer la forma en que los demás perciben.
Desde hace décadas las denominadas figuras públicas contratan firmas encuestadoras para que investiguen y determinen la forma como la población las define. Es en base a los resultados de esos estudios que podrían identificar cuáles aspectos son positivos y cuáles negativos y, en consecuencia, contratar los expertos correspondientes en la creación de una imagen favorable. Hoy los hombres públicos (no quiero usar la expresión “mujeres públicas”) contratan asesores nacionales y extranjeros en el área en que se desenvuelven.
Desde que tengo uso de razón las comparaciones que hacen de los deportistas –en el béisbol, el baloncesto, el boxeo y otras disciplinas— son normales entre los fanáticos. Lo anormal es que un deportista destacado se involucre en esos debates, porque estaría cayendo en lo que él piensa que es, que revela falta de humildad y se expone al ejercicio de narcisismo.
En las décadas de los 60 y 70, en nuestro país, se discutía quién era mejor de Mateo Rojas Alou a Manuel Mota, más adelante el debate también giraba en torno a César Cedeño y Cesarín Gerónimo. En baloncesto la disputa era sobre Chicho Sibilio y Hugo Cabrera, mientras en la música el banquete original fue entre Félix del Rosario y Johnny Ventura, hasta que apareció Wilfrido Vargas y la gente empezó a compararlo con el Caballo Mayor.
Lo importante es que a estos ídolos deportivos y artísticos nunca se les vio descalificando a sus competencias. Es una conducta diferente a la de los actores de la actividad política, donde los intereses y pasiones se desbordan y los ataques van más allá de las ideas y formas de abordar los problemas nacionales. Se cae muchas veces en lo personal. Y es una práctica universal, empezando por naciones desarrolladas como Estados Unidos, donde Donald Trump usa el insulto y la descalificación de sus opositores como hábito diario.
En el baloncesto se discute diariamente si el mejor del mundo, en toda la historia de la NBA, es LeBron James o Michael Jordan. Es un debate que va para largo, pero ambos exhiben respeto recíproco y evaden inmiscuirse en el tema.
La gente lo que tiene es que aprender a respetar el pensamiento de los demás, de la misma forma en que aspira a que acepten el suyo. Ser tolerante de las ideas sin importar su dirección o inclinación. En ese sentido, Sócrates, el filósofo, fue un gigante. Le fascinaba el diálogo y sobre todo escuchar, porque sostenía la tesis de que escuchando es que se aprende, no hablando.
De los políticos dominicanos siempre me identifiqué con el doctor Peña Gómez, por su humildad y porque escuchaba a los demás. Me parecía diferente. Tenía una exquisita formación cultural y política, pero nunca hizo ostentaciones intelectuales, inclusive lo vi expresar en una ocasión que él era un hombre que arrastraba lagunas. Lagunas culturales arrastramos todos, sobre todo aquellos que nos formamos en la educación pública.
Los conocimientos son infinitos. Es una perspectiva filosófica ampliamente aceptada, porque el aprendizaje humano nunca se completa por la inmensidad del universo y el surgimiento de nuevas informaciones.
La humanidad ha dado hombres y mujeres sobresalientes, pero los que más llaman la atención son aquellos que no se definen ellos mismos, rol que les toca a los demás, que son humildes e inclusive han sabido reconocer sus propios defectos, si fue que los tuvieron. En ese grupo hay que citar a Nelson Mandela, José (Pepe) Mujica, Jimmy Carter, Andrés Manuel López Obrador. En ese colectivo hay que incluir ya a Claudia Sheinbaum y a Gustavo Petro.
El que conoce la vida de estos personajes podrá establecer que tienen virtudes. Que no se trata de imágenes construidas por expertos del marketing político o las relaciones públicas, como se trató del caso de John D. Rockefeller, antiguo empresario estadounidense, que se caracterizó por la explotación y el trato cruel a los trabajadores, pero Ivy Lee, a quien muchos consideran padre de la Relaciones Públicas, le mejoró su percepción, al ponerlo a realizar donaciones a personas necesitadas.
Ya antes de Ivy Lee estuvo Edward Bernays Trabajando métodos de mejoría de percepción pública de figuras políticas, empresariales, deportivas, etc.
Los actuales expertos en asuntos de imagen lo que hicieron fue aprender y mejorar las prácticas de Lee y Bernays. Y todos, en sentido general, han reconocido la tesis de Miguel de Unamuno, académico y filósofo español, antiguo rector de la Universidad de Salamanca, en el sentido de la identidad, que cada ser humano es tres personas distintas en una.
Fuente:La Bazuca.com

