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LA República Dominicana: entre el alto costo de la vida y el desgaste de la esperanza.

LA República Dominicana: entre el alto costo de la vida y el desgaste de la esperanza.
Redacción
  • Publishedmayo 27, 2026
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Por Tony Salomón G.

La República Dominicana atraviesa uno de los momentos más contradictorio de su historia reciente. Mientras el gobierno del Partido Revolucionario Moderno intenta vender una imagen de estabilidad y crecimiento económico, en las calles la realidad golpea con fuerza el bollsillo, la tranquilidad y la esperanza de los ciudadanos.

Hoy el principal problema nacional no es un discurso de oposición, ni una narrativa construida en redes sociales; es la dura cotidianidad que viven millones de dominicanos. El alto costo de la vida se ha convertido en el enemigo silencioso de las familias trabajadoras. Comprar alimentos, pagar transporte, cubrir la factura eléctrica o adquirir combustibles representa un sacrificio cada vez mayor para una población cuyos ingresos permanecen prácticamente estancados.

La promesa del «cambio» termino atrapada entre apagones, endeudamiento, inflación y una percepción creciente de abandono social. El gobierno del presidente Luis Abinader insiste en mostrar indicadores macroeconómicos positivos, pero la economía no puede medirse únicamente desde oficinas climatizadas o estadísticas maquilladas; debe sentirse en la mesa del pueblo.

Mientras los funcionarios hablan de crecimiento, los ciudadanos hablan de sobrevivencia.

Los combustibles rondan cifras que hace pocos años parecían imposible, el transporte público continúa en deterioro, el tránsito se convierte diariamente en un caos desesperante y los productos básicos aumentan sin control efectivo por parte de las autoridades. El dominicano siente que trabaja más, pero con limitaciones en el consumo por los altos precios de la canasta familiar.

A esto se suma la inseguridad ciudadana, una preocupación que sigue creciendo pese a los constantes anuncios gubernamentales. Los robos, atracos y hechos violentos mantienen en tensión a barrios y comunidades, mientras la población percibe más propaganda que soluciones concretas.

Sin embargo, uno de los temas más destacados es el impacto de la crisis Haitiana y la falta de una política internacional firme y coherente por parte del gobierno. La improvisación ha colocado al país en una posición incomoda tanto a nivel interno como geopolítico. La presión migratoria, el colapso de servicios públicos en algunas zonas y el descontento social refleja la ausencia de una estrategia nacional verdadera mente integral.

El pueblo dominicano comienza a sentir que la administración del «PRM» gobierna más para la percepción mediática que para la solución de los problemas estructurales de la nación. La maquinaria comunicacional intenta imponer una sensación de progreso, pero los hechos contradicen «desmienten» las campañas publicitarias.

La historia demuestra que ningún gobierno se puede sostener eternamente sobre encuesta, marketing político y control narrativo cuando la realidad cotidiana desmiente el discurso oficial.

La República Dominicana necesita más que consignas. Necesita dirección, planificación, institucionalidad y una verdadera conexión con las necesidades del pueblo.

Porque al final, las estadísticas no votan. Los pueblo sí.

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