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Por Tony Salomón.
La osadía de ciertas propuestas políticas, que rompen todos los esquemas tradicionales, no puede pasar inadvertida. Que un partido del sistema sirva de plataforma o «prestanombre» para figuras cuya principal contribución al debate público ha sido la controversia, el espectáculo y la degradación del discurso nacional, debe generar reflexión y preocupación.
La pretensión de Santiago Matias «Alofoke» de proyectarse como candidato presidencial envía, además, un mensaje directo a quienes afirman que la política no les importa y renuncian a ejercer su deber ciudadano de votar cada cuatro años. Es precisamente esa indiferencia la que abre espacios a desatinos de esta magnitud.
Los políticos, con todos sus defectos _ porque la perfección no existe _, han desempeñado un papel fundamental en los grandes acontecimientos históricos de la República Dominicana. Gracias a la política se han construido instituciones, se han conquistado derechos y se ha preservado la democracia en momentos decisivos.
Las debilidades del sistema de partidos no son responsabilidad exclusiva de los partidos, también son consecuencia de una sociedad que muchas veces observa desde la distancia, critica, pero no participa. La clase media y la clase media alta pensante, llamada a ejercer liderazgo cívico y exigir mejores prácticas públicas, con frecuencia terminan atrapadas en el individualismo y la independencia.

