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Mátate primero.

Mátate primero.
  • Publishedmayo 15, 2026
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Por Pablo Vicente

La República Dominicana atraviesa uno de los momentos más dolorosos en materia de violencia contra la mujer. Los feminicidios continúan llenando de luto a familias enteras y estremeciendo a una sociedad que parece acostumbrarse a recibir, cada semana, la noticia de otra mujer asesinada por quien un día dijo amarla.

Sí, lo sé. El título de este artículo suena duro. Incómodo. Provocador. Incluso cruel. Pero más cruel es despertar con la imagen de otra vida apagada por el odio, los celos o la obsesión enfermiza de un hombre incapaz de aceptar el final de una relación.

Por eso este artículo se titula “Mátate primero”. No como una invitación al suicidio ni como una apología de la violencia. Todo lo contrario. Es una expresión de indignación frente a la barbarie que estamos viviendo como sociedad.

Porque si un hombre siente que no soporta una separación, un rechazo o una discusión, entonces debe destruir primero su ego, su machismo y esa cultura de posesión que le hace creer que una mujer es de su propiedad. Debe matar primero la violencia que lleva dentro, antes de convertir el amor en una sentencia de muerte.

Lo alarmante es que muchos de estos crímenes no ocurren de manera repentina. En la mayoría de los casos hubo señales previas: amenazas, persecución, acoso, agresiones físicas, denuncias ignoradas y silencios cómplices. Muchas veces el entorno sabía que la tragedia podía ocurrir, pero nadie actuó a tiempo.

La violencia de género no puede seguir analizándose únicamente desde la reacción posterior al crimen. Es necesario trabajar en la prevención, en la educación emocional y en la transformación cultural que permita desmontar patrones machistas profundamente arraigados en nuestra sociedad.

Debemos dejar de normalizar los celos enfermizos como muestra de amor. Debemos dejar de educar hombres para controlar y mujeres para soportar. Tenemos que enseñar que terminar una relación no es una humillación y que nadie pierde dignidad porque lo abandonen.

El país necesita políticas públicas más firmes, atención psicológica preventiva, mecanismos de protección eficaces y una justicia que actúe antes del entierro y no después del crimen consumado.

Pero, sobre todo, necesitamos conciencia.

Porque ningún hombre tiene derecho a decidir sobre la vida de una mujer. Ninguno.

“Mátate primero”. Mata primero tu orgullo, tu violencia, tu incapacidad de aceptar un “no”. Mata el monstruo que te hace creer dueño de otra vida. Pero no sigas matando mujeres.

Al final del día, ningún hombre que asesina a una mujer por despecho puede llamarse valiente. Valiente es quien acepta una ruptura sin destruir vidas. Valiente es quien busca ayuda antes de convertirse en verdugo. Valiente es quien entiende que amar nunca será sinónimo de poseer.

Cada feminicidio representa el fracaso de una familia, de una comunidad y de una cultura que todavía no ha aprendido a separar el amor de la dominación.

Y quizás ha llegado el momento de hacernos una pregunta incómoda como sociedad: ¿cuántas mujeres más tienen que morir para que entendamos que el verdadero problema no es el final de una relación, sino la violencia que muchos hombres llevan sembrada en la cabeza y en el corazón?

Porque ninguna mujer debería perder la vida por decidir irse. Y ningún país puede llamarse sano mientras sus mujeres sigan viviendo con miedo de amar, de decir “no” o de empezar de nuevo.

 

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