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No conviertan al presidente en el costo político de una ley mordaza.

No conviertan al presidente en el costo político de una ley mordaza.
Redacción
  • Publishedjulio 8, 2026
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Por : Victoria Gonzalez

Seis años después de la llegada al poder del presidente Luis Abinader, hay un hecho difícil de negar: la República Dominicana ha disfrutado de uno de los períodos de mayor apertura en materia de libertad de expresión de las últimas décadas.

El país ha sido escenario de críticas diarias al Gobierno, denuncias de la prensa, debates en redes sociales y opiniones de todos los matices, sin que exista una política sistemática de persecución contra quienes piensan diferente. Esa realidad ha fortalecido la imagen democrática del país y ha proyectado al presidente como un gobernante tolerante, incluso para quienes consideran que esa tolerancia ha sido excesiva.

Precisamente por ello, resulta incomprensible que desde el Congreso Nacional se impulsen disposiciones que muchos sectores califican como artículos mordaza. No se puede construir una democracia sólida restringiendo uno de sus pilares fundamentales: la libertad de expresión.

El Partido Revolucionario Moderno, PRM, con su amplia mayoría en ambas cámaras legislativas, tiene la responsabilidad de escuchar a la sociedad antes de aprobar cualquier iniciativa que pueda interpretarse como un intento de limitar el derecho de los ciudadanos a expresarse libremente.

Sería un grave error político hacer que el presidente Luis Abinader cargue con el costo de una legislación que contradice el ambiente de libertades que ha caracterizado su administración. Si durante seis años el Gobierno ha sido reconocido por respetar la crítica y el disenso, no tiene sentido empañar ese legado con normas que despierten sospechas sobre censura o restricciones a la prensa.

La ola de rechazo ya comenzó y continuará creciendo. No solo dentro del país, donde periodistas, comunicadores, juristas y organizaciones de la sociedad civil han levantado su voz, sino también en el ámbito internacional, donde la libertad de expresión constituye un indicador esencial para medir la calidad democrática de una nación.

Todavía hay tiempo para rectificar. Gobernar con mayoría no significa imponer; significa escuchar. La fortaleza de una democracia no se demuestra silenciando las críticas, sino garantizando que cada ciudadano pueda expresarse libremente, incluso cuando sus palabras incomoden al poder.

Porque la libertad de expresión no pertenece a un partido ni a un gobierno. Pertenece al pueblo. Y cuando se limita ese derecho, pierde toda la democracia.

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