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Por: Dayanara Rivera de Campos
La realidad política en nuestro país ha alcanzado un punto de inflexión. En un momento en que dentro del PLD no se proyecta una candidatura homogénea que reúna todos los pareceres estructurales del partido, la situación interna actual del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en la República Dominicana se encuentra en un estado de alta tensión y de replanteamiento estratégico, detonado principalmente por la reciente suspensión de su consulta ciudadana, programada para el 18 de octubre de 2026. Supuestamente por falta de equipos tecnológicos, alegando que la Junta Central Electoral (JCE) solo les ofreció facilitar 600 de los 2,200 equipos de votación automatizada necesarios. Con esto, la elección formal de su candidato se pospuso para julio de 2027, acogiéndose estrictamente a los plazos legales.
A todo esto, también hay que agregar las fuertes pugnas por el Padrón y los desacuerdos políticos internos; a pesar de la justificación logística, analistas políticos y reportes internos confirman que la suspensión fue el resultado de intensos enfrentamientos. Días antes de la cancelación, los aspirantes presidenciales y sus corrientes se enfrentaron agriamente por la conformación y depuración del padrón de votantes, y se registraron denuncias de exclusión y de manipulación de estructuras.
El secretario general del PLD, Johnny Pujols, y otros altos dirigentes han salido a los medios de comunicación para negar la existencia de una crisis terminal. Afirman que se trata de «desacuerdos naturales» entre aspirantes y aseguran que la agenda territorial de reorganización, la juramentación de miembros y la oposición crítica al gobierno del PRM continuarán de manera imparable para recuperar la confianza ciudadana.
Lo que sí es un secreto a voces es que todo se debe a la vuelta a la palestra política de Gonzalo Castillo, quien, como siempre, nos entretiene con su elocuencia al afirmar, esta vez, que reafirma sus aspiraciones presidenciales para 2028 y que sus procesos judiciales no detendrán su carrera. ¡Su equipo se opuso a suspender la consulta, pero acató la decisión por disciplina partidaria! Y por otro lado, Francisco Javier García, quien ha criticado abiertamente la neutralidad de la Comisión Organizadora, denunciando supuestas ofertas económicas para debilitar su proyecto y rechazando inicialmente la posposición del proceso. Estos dos sectores se encuentran actualmente en una competencia de halar la soga a ver cuál se corona con el apoyo del danilismo para la vuelta final.
Mientras tanto, en las redes sociales, los artistas digitales se han dado a la tarea de mantener al pueblo informado sobre las situaciones internas de los diferentes partidos políticos mediante animaciones humorísticas que reflejan la percepción real de los acontecimientos; gracias a esto nos damos cuenta de que internamente del PLD se esta cocinando una posible alianza con la Fuerza del Pueblo y que aparentemente Margarita Cedeño esta jugando doble play entre el PLD y la FP. Mientras tanto, Abel Martínez calificó la pasada alianza «Rescate RD» de fracaso perjudicial para el PLD («una resaca RD») y propuso que cualquier diálogo futuro con la Fuerza del Pueblo (FP) de Leonel Fernández se gestione estrictamente entre partidos mayoritarios, sin árbitros minoritarios. Por su parte, Danilo Medina ha reiterado que el PLD solo se aliara con bloques que ellos mismos encabecen, como espera toda la ciudadanía nacional, ya que el divorcio de estos “líderes” se debió a incompatibilidad de caracteres y a situaciones irreconciliables.
Por otro lado, la situación interna del partido Fuerza del Pueblo (FP) en este 2026 presenta una realidad de doble filo: por un lado, se consolida como la principal fuerza de oposición, pero por otro, enfrenta fuertes tensiones y cuestionamientos metodológicos en sus estructuras internas. Existe mucho descontento en las bases y trabas a las renuncias; uno de los puntos más complejos a nivel interno ha sido el flujo de salidas y el malestar de dirigentes intermedios. Se han reportado casos de decenas de militantes e incluso de miembros de la Dirección Central que han intentado formalizar sus renuncias de manera irrevocable (como ocurrió en Los Alcarrizos), denunciando que la alta dirigencia se ha negado a recibir las cartas de dimisión en persona para evitar proyectar una imagen de desbandada ante la opinión pública.
Asimismo, existen críticas al modelo de elección interna («Dedocracia»); analistas políticos y disidentes señalan un proceso de introspección profunda o «debacle de legitimidad democrática» en sus métodos de ascenso. Las principales quejas apuntan a que el acceso a organismos clave, como la Dirección Central, se ha gestionado históricamente mediante cartas de recomendación de altos líderes en lugar de votaciones abiertas. Se percibe un bloqueo que impide que las bases «verdes» ejerzan libremente su derecho a elegir y a ser elegidas; esto ha generado acusaciones de reproducir los mismos esquemas centralizados de toma de decisiones que en su momento criticaron del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Hay un dilema del liderazgo: Dependencia absoluta vs. Renovación; la figura de Leonel Fernández sigue siendo el motor indiscutible y el único imán unificador del partido. No obstante, esto plantea un cuello de botella institucional por la falta de relevo: existe una evidente tensión entre mantener la influencia absoluta del expresidente de cara a las elecciones de 2028 y la necesidad de abrir espacios a liderazgos emergentes que refresquen la organización. Pero tiene debilidad en boletas locales, expertos electorales y estrategas como José Francisco Peña Guaba indican que el partido es fuerte a nivel presidencial gracias a Leonel, pero adolece de estructuras competitivas sólidas en los niveles municipales y legislativos, dependiendo muchas veces de captar candidatos externos o tránsfugas de otras parcelas políticas.
Para contrarrestar el desgaste, la FP ha puesto en marcha una intensa agenda de reestructuración interna. Un ejemplo clave es el sector educativo, bajo la conducción de la Secretaría de Educación del partido, orientado a compactar al gremio magisterial en las provincias bajo la consigna de que el retorno de Fernández es un «compromiso patriótico», buscando con ello reavivar la mística militante que se ha enfriado tras los últimos reveses electorales.
Por otro lado el partido de gobierno mantiene su solido primer lugar en la percepción nacional y sus situaciones que le adolecen son meramente administrativas, tales como que el período estatutario de los 60 miembros de la Dirección Ejecutiva venció el pasado 4 de septiembre de 2026, operando actualmente bajo el principio de continuidad institucional mientras se define su renovación y aunque se propuso ampliar el organismo (primero a 65 y luego a 70 miembros) en la XXIII Convención Nacional Extraordinaria, los intentos de consenso para ratificar o sustituir integrantes se han demorado, sin una fecha fija para completar la conformación de este liderazgo.
Todo esto ante la ebullición prematura de los liderazgos internos; la cúpula del partido (incluyendo coordinaciones con Andrés Bautista, José Ignacio Paliza y Alfredo Pacheco) busca consensuar una agenda de trabajo para ordenar las competencias internas sin descuidar la gestión de gobierno, directriz respaldada por el presidente Luis Abinader de no permitir el uso de recursos estatales con fines partidarios. Aunque dirigentes de peso como Carolina Mejía, David Collado, Wellington Arnaud y Eduardo Sanz Lovatón han comenzado a activar sus estructuras políticas y sumar respaldos regionales de cara a la contienda del 2028.
El panorama general nos deja un solido PRM en el poder por mucho tiempo donde su mayor reto será elevar la productividad estructural y generar empleos de calidad mediante reformas de consolidación fiscal y digital, protegiendo la estabilidad económica nacional frente a los choques geopolíticos, el cambio climático y la volatilidad de los mercados globales. Aunque el Banco Mundial proyecta que el país liderará el crecimiento de la región con una expansión en torno al 4.7 % del PIB, los cambios mundiales obligan a reconfigurar la estrategia interna.
El gobierno enfrenta la necesidad de equilibrar sus cuentas en un entorno global de financiamiento costoso. Con un presupuesto donde alrededor del 26 % de los ingresos totales se compromete exclusivamente al pago de intereses de la deuda, el gran desafío es implementar medidas de consolidación fiscal eficientes (como el plan anticrisis y control de la evasión) para liberar espacio a la inversión pública en infraestructura sin ahogar el consumo de la clase media ni las Mipymes.
Los choques en los precios de los combustibles, generados por tensiones geopolíticas globales, inciden directamente en las finanzas públicas mediante los subsidios. Simultáneamente, fenómenos meteorológicos más intensos (como El Niño o tormentas extremas) amenazan la seguridad alimentaria y la estabilidad de sectores clave como el turismo y la agricultura. El gobierno deberá acelerar la transición hacia las energías renovables y blindar la infraestructura logística portuaria y vial frente a eventos climáticos. Y por otro lado, la inestabilidad institucional de Haití (que sigue afectando el comercio transfronterizo y la demanda de servicios públicos de salud y de seguridad), combinada con la competencia comercial entre grandes potencias en la cuenca del Caribe, exige una diplomacia proactiva y el fortalecimiento de las cadenas logísticas internas para aprovechar las ventajas del nearshoring.
¡Enhorabuena al PRM y a la República Dominicana por caminar por lo seguro!

